Colección de discursos agrupados numéricamente

31–40. Capítulo sobre lo indomable

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando es indomable, conduce a prejuicio tan grande que la mente. La mente indomable conduce a gran prejuicio.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando está domada, conduce a bien tan grande que la mente. La mente domada conduce a gran bien.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando no está resguardada, conduce a prejuicio tan grande que la mente. La mente no resguardada conduce a gran prejuicio.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando está resguardada, conduce a bien tan grande que la mente. La mente resguardada conduce a gran bien.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando está desprotegida, conduce a prejuicio tan grande que la mente. La mente desprotegida conduce a gran prejuicio.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando está protegida, conduce a bien tan grande que la mente. La mente protegida conduce a gran bien.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando no está restringida, conduce a prejuicio tan grande que la mente. La mente no restringida conduce a gran prejuicio.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando está restringida, conduce a bien tan grande que la mente. La mente restringida conduce a gran bien.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando no está domada, no resguardada, no protegida y no restringida conduce a prejuicio tan grande que la mente. La mente no domada, no resguardada, no protegida y no restringida conduce a gran prejuicio.

“Monjes, yo no conozco otra cosa particular alguna, que cuando está domada, resguardada, protegida y restringida, conduce a bien tan grande que la mente. La mente domada, resguardada, protegida y restringida conduce a gran bien”.