Colección de discursos agrupados numéricamente

10.51. La propia mente

Esto he escuchado. En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arbolada Jeta del Parque de Anathapindika, cerca de Savatthi. Allí, el Bienaventurado se dirigió a los monjes así: “Monjes”.

“Sí, Venerable Señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Monjes, aunque el monje no sea hábil en los caminos de las mentes de otros, debería entrenarse a sí mismo: ‘Voy a adquirir la habilidad en los caminos de mi propia mente’.

“¿Y cómo, monjes, el monje se entrena en la habilidad en los caminos de su propia mente? Imaginad, monjes, a una mujer joven -o un joven hombre- aficionada a los adornos, que examina su propio rostro en un brillante y limpio espejo o en un tazón de agua limpia: Si descubriese alguna suciedad o alguna mancha, trataría de eliminarla. Y si no descubriese suciedad o mancha alguna, estaría contenta y satisfecha de esta manera: ‘¡Qué afortunada soy! ¡Qué limpia soy!’ De igual manera, monjes, el monje se examina a sí mismo en materia de de los buenos y beneficiosos estados mentales así: ‘Normalmente, ¿permanezco con la codicia o no? Normalmente, ¿permanezco con los pensamientos de animadversión o no? ¿Me vence a menudo la pereza y el letargo o no? ¿Me vence a menudo la intranquilidad o no? Normalmente, ¿permanezco con las dudas e incertidumbres o generalmente las supero? Normalmente, ¿permanezco enfadado o no? Normalmente, ¿permanezco con pensamientos sucios o con pensamiento limpios? Normalmente, ¿permanezco con el cuerpo apasionado o no? Normalmente, ¿permanezco perezoso o lleno de energía? Normalmente, ¿permanezco concentrado o desconcentrado?

“Monjes, si el monje, al haberse examinado se encuentra así: ‘Normalmente permanezco con la codicia, normalmente permanezco con pensamientos de animadversión, a menudo me vence la pereza y el letargo, a menudo me vence la intranquilidad, normalmente permanezco con las dudas e incertidumbres, normalmente permanezco enfadado, normalmente, permanezco con los pensamientos sucios, normalmente permanezco con el cuerpo apasionado, normalmente permanezco perezoso, normalmente, permanezco desconcentrado’—entonces, aquel monje debería emplear un fuerte deseo, esfuerzo, diligencia, empeño, atención consciente no dividida y vigilancia con el fin de abandonar estos malos y perjudiciales estados mentales. Al igual que alguien con un turbante en llamas sobre su cabeza, debería emplear un fuerte deseo, esfuerzo, diligencia, empeño, la atención consciente no dividida y vigilancia con el fin de apagar el fuego de su turbante y la cabeza, así también, aquel monje debería emplear un fuerte deseo, esfuerzo, diligencia, empeño, atención consciente no dividida y vigilancia con el fin de abandonar estos malos y perjudiciales estados mentales.

“Pero, monjes, si el monje, al haberse examinado se encuentra así: ‘Normalmente permanezco sin la codicia, normalmente permanezco sin los pensamientos de animadversión, no me vence a menudo la pereza ni el letargo, no me vence a menudo la intranquilidad, normalmente supero las dudas e incertidumbres, normalmente supero el enfado, normalmente permanezco con los pensamientos limpios, normalmente permanezco con el cuerpo no apasionado, normalmente permanezco lleno de energía, normalmente permanezco concentrado’—entonces, aquel monje debería establecerseen estos beneficiosos estados mentales y, alcanzado aún mayor nivel de ellos, poner fin a las corrupciones.”