Colección de discursos agrupados numéricamente

4.180. Los grandes criterios

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en Bhandagara, cerca del Santuario de Ananda. Estando allí se dirigió a los monjes así: “Monjes”.

“Sí, Venerable Señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Voy a enseñaros estos cuatro grandes criterios. Escuchad y prestad atención que voy a hablar”.

“Sí, Venerable Señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado dijo:

“Suponed, monjes, que algún monje dijera: ‘Cara a cara escuché esto, hermanos, del propio Bienaventurado, que éste es el Dhamma-y-Disciplina, y ésta es la enseñanza del Maestro'. En este caso, monjes, una declaración de este tipo de aquel monje, no debe ser aprobada ni despreciada. Sin aprobarla ni despreciarla, la sentencia en cuestión debe ser cuidadosamente estudiada palabra por palabra. Uno debería examinarla a la luz de los Discursos y la Disciplina, y si—mediante esta comparación y examen crítico— encontrase algo que no estuviese de acuerdo con los Discursos y la Disciplina, la conclusión debería ser esta: ‘Ciertamente, no se trata de las palabras del Bienaventurado; este tiene que ser un malentendido de aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis rechazar esta declaración. Sin embargo, si la misma estuviera de acuerdo con los Discursos y la Disciplina, uno debería concluir así: ‘'Ciertamente, se trata de las palabras del Bienaventurado; esto habrá sido bien comprendido por aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis aceptar esta declaración. Este es el primer criterio.

“Además, monjes, suponed que algún monje dijera: ‘En tal y tal lugar, vive una comunidad de los monjes con distinguidos maestros y ancianos; de parte de esta comunidad, hermanos, escuché que éste es el Dhamma-y-Disciplina, y ésta es la enseñanza del Maestro'. En este caso, monjes, una declaración de este tipo de aquel monje, no debe ser aprobada ni despreciada. Sin aprobarla ni despreciarla, la sentencia en cuestión debe ser cuidadosamente estudiada palabra por palabra. Uno debería examinarla a la luz de los Discursos y la Disciplina. y si—mediante esta comparación y examen crítico— encontrase algo que no estuviese de acuerdo con los Discursos y la Disciplina, la conclusión debería ser esta: ‘Ciertamente, no se trata de las palabras del Bienaventurado; este tiene que ser un malentendido de aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis rechazar esta declaración. Sin embargo, si la misma estuviera de acuerdo con los Discursos y la Disciplina, uno debería concluir así: ‘'Ciertamente, se trata de las palabras del Bienaventurado; esto habrá sido bien comprendido por aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis aceptar esta declaración. Este es el segundo criterio.

“Además, monjes, suponed que algún monje dijera: ‘En tal y tal lugar, viven varios monjes plenamente realizados, quienes guardan el Dhamma, la Disciplina y los Códigos morales; escuché de parte de estos monjes que éste es el Dhamma-y-Disciplina, y ésta es la enseñanza del Maestro'. En este caso, monjes, una declaración de este tipo de aquel monje, no debe ser aprobada ni despreciada. Sin aprobarla ni despreciarla, la sentencia en cuestión debe ser cuidadosamente estudiada palabra por palabra. Uno debería examinarla a la luz de los Discursos y la Disciplina, y si—mediante esta comparación y examen crítico— encontrase algo que no estuviese conforme con los Discursos y la Disciplina, la conclusión debería ser esta: ‘Ciertamente, no se trata de las palabras del Bienaventurado; este tiene que ser un malentendido de aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis rechazar esta declaración. Sin embargo, si la misma estuviera conforme con los Discursos y la Disciplina, uno debería concluir así: ‘'Ciertamente, se trata de las palabras del Bienaventurado; esto habrá sido bien comprendido por aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis aceptar esta declaración. Este es el tercer criterio.

“Además, monjes, suponed que algún monje dijera: ‘En tal y tal lugar, vive un monje solitario plenamente realizado, que guarda el Dhamma, la Disciplina y los Códigos morales; escuché de parte de este monje que éste es el Dhamma-y-Disciplina, y ésta es la enseñanza del Maestro'. En este caso, monjes, una declaración de este tipo de aquel monje, no debe ser aprobada ni despreciada. Sin aprobarla ni despreciarla, la sentencia en cuestión debe ser cuidadosamente estudiada palabra por palabra. Uno debería examinarla a la luz de los Discursos y la Disciplina, y si—mediante esta comparación y examen crítico— encontrase algo que no estuviese conforme con los Discursos y a la Disciplina, la conclusión debería ser esta: ‘Ciertamente, no se trata de las palabras del Bienaventurado; este tiene que ser un malentendido de aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis rechazar esta declaración. Sin embargo, si la misma estuviera conforme con los Discursos y la Disciplina, uno debería concluir así: ‘'Ciertamente, se trata de las palabras del Bienaventurado; esto habrá sido bien comprendido por aquel monje'. De esta manera, monjes, vosotros debéis aceptar esta declaración. Este es el cuarto criterio.

“Estos son, monjes, los cuatro grandes criterios”.