Colección de discursos agrupados numéricamente

5.56. El preceptor

En una ocasión, cierto monje se acercó a su preceptor y le dijo:

“Venerable Señor, siento como si mi cuerpo estuviera drogado. He perdido la orientación. Veo confusas las cosas. La somnolencia y la apatía se apoderan de mi mente todo el tiempo. No soy feliz llevando esta vida santa y tengo dudas acerca de las enseñanzas.”

Entonces, el preceptor llevó a este monje en la presencia del Bienaventurado. Al llegar, le rindió homenaje y se sentó a un lado. Luego, el preceptor dijo al Bienaventurado: “Venerable Señor, este monje me dijo lo siguiente: ‘Venerable Señor, siento como si mi cuerpo estuviera drogado. He perdido la orientación. Veo confusas las cosas. La somnolencia y la apatía se apoderan de mi mente todo el tiempo. No soy feliz llevando esta vida santa y tengo dudas acerca de las enseñanzas.’”

[Entonces, el Bienaventurado respondió así:] “Monje, esto siempre ocurre así. Cuando uno mora con las puertas de los sentidos desguarnecidas, con falta de moderación en la comida, no inclinándose hacia la atención, no buscando lo que es recto y no desarrollando, día tras día, las cualidades mentales que llevan a la Iluminación , entonces uno siente como si su cuerpo estuviera drogado, como si haya perdido la orientación. Ve confusas las cosas. La somnolencia y la apatía se apoderan de su mente todo el tiempo. No es feliz llevando esta vida santa y tiene dudas acerca de las enseñanzas.

“De modo que, monje, entrénate a ti mismo así:

“Voy a resguardar las puertas de los sentidos con mayor ahínco, voy a ser moderado en la comida e inclinado hacia la atención. Voy a buscar lo que es recto y, día tras día, voy a desarrollar las cualidades mentales que llevan a la Iluminación. Entrénate de esta manera, monje.”

Después de esto, el monje, al haber recibido las instrucciones por parte del Bienaventurado, se levantó de su asiento, se inclinó delante del él y partió de allí, teniendo cuidado que el Bienaventurado quedara siempre a su mano derecha.

Y no mucho tiempo después, morando en soledad, recluido, con ardiente y firme resolución, este monje alcanzó la suprema meta de la vida santa, por la que rectamente, un hombre hogareño renuncia al hogar para vivir un estilo de vida sin hogar, y permaneció en ella. Y él conoció directamente esto: “el nacimiento está destruido, la vida santa ha sido vivida, la tarea está hecha. He aquí, que no hay nada más qué hacer en referencia a este mundo.” Y aquel monje llegó a acrecentar el número de los arahants.

Luego, una vez alcanzado el estado de arahant, este monje se fue junto a su preceptor y le dijo:

“Venerable Señor, ya no siento más como si mi cuerpo estuviera drogado. He recuperado la orientación. Las cosas las veo claras. La somnolencia y la apatía no se apoderan más de mi mente. Soy feliz llevando esta vida santa y no tengo más dudas acerca de las enseñanzas.”

Entonces, el preceptor llevó a este monje, lo presentó delante del Bienaventurado. Al llegar, le rindió homenaje y se sentó a un lado. Luego, el preceptor dijo al Bienaventurado: “Venerable Señor, este monje me dijo lo siguiente: ‘Venerable Señor, ya no siento más como si mi cuerpo estuviera drogado. He recuperado la orientación. Las cosas las veo claras. La somnolencia y la apatía no se apoderan más de mi mente. Soy feliz llevando esta vida santa y no tengo más dudas acerca de las enseñanzas.’”

[Entonces, el Bienaventurado respondió así:] “Monje, esto siempre ocurre así. Cuando uno mora resguardando las puertas de los sentidos, con moderación en la comida, inclinándose hacia la atención, buscando lo que es recto y desarrollando, día tras día, las cualidades mentales que llevan a la Iluminación, entonces uno no siente más como si su cuerpo estuviera drogado, recupera la orientación. Las cosas las ve claras. La somnolencia y la apatía no se apoderan más de su mente. Es feliz llevando esta vida santa y no tiene más dudas acerca de las enseñanzas.

“De modo que, monje, entrénate a ti mismo así:

“Voy a resguardar las puertas de los sentidos con mayor ahínco, voy a ser moderado en la comida e inclinado hacia la atención. Voy a buscar lo que es recto y, día tras día, voy a desarrollar las cualidades mentales que llevan a la Iluminación. Entrénate de esta manera, monje

.”