Colección de discursos agrupados numéricamente

7.47. Segundo discurso sobre el fuego

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda del Jeta, en el parque de Anathapindika, cerca de Savatthi. Entonces el brahmán Uggatasarira hizo arreglos para un gran sacrificio. Quinientos toros han sido llevados al poste del sacrificio. Quinientos bueyes… Quinientos novillos… Quinientas cabras… Quinientos carneros han sido llevados al poste del sacrificio. Entonces el brahmán Uggatasarira se acercó al Bienaventurado e intercambió con él cordiales saludos. Cuando concluyeron esas amables palabras de bienvenida, se sentó a un lado y dijo al Bienaventurado:

“He escuchado, maestro Gotama, que el encendido del fuego del sacrificio y la elevación del poste del sacrificio son de gran fruto y beneficio”.

“Yo también, brahmán, escuché esto”.

Y por segunda vez… por tercera vez el brahmán Uggatasarira dijo al Bienaventurado: “He escuchado, maestro Gotama, que el encendido del fuego del sacrificio y la elevación del poste del sacrificio son de gran fruto y beneficio”.

“Yo también, brahmán, escuché esto”.

“Entonces el maestro Gotama y yo estamos en completo y total acuerdo”.

Cuando se dijo esto, el Venerable Ananda dijo al brahmán Uggatasarira: “Brahmán, a los Tathagatas no se debe preguntar así: ‘He escuchado, maestro Gotama, que el encendido del fuego del sacrificio y la elevación del poste del sacrificio son de gran fruto y beneficio’. A los Tathagatas se debe preguntar de esta manera: ‘Venerable Señor, quiero encender el fuego del sacrificio y elevar el poste del sacrificio. Que el Bienaventurado me exhorte y me instruya sobre la manera en la que esto conduzca al bienestar y felicidad por mucho tiempo’”.

Entonces el brahmán Uggatasarira dijo el Bienaventurado: “Maestro Gotama, quiero encender el fuego del sacrificio y elevar el poste del sacrificio. Que el maestro Gotama me exhorte y me instruya sobre la manera en la que esto conduzca al bienestar y felicidad por mucho tiempo”.

“Brahmán, alguien que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, levanta tres cuchillos perjudiciales que traen como resultado el sufrimiento. Y, ¿cuáles son esos tres? El cuchillo corporal, el cuchillo verbal y el cuchillo mental.

“Brahmán, alguien que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, tiene pensamientos semejantes a estos: ‘Que esta gran cantidad de toros sea muerta en el sacrificio… Que esta gran cantidad de bueyes… novillos… cabras… carneros sea muerta en el sacrificio’. Y aunque [piensa] ‘que haga el mérito’, hace el demerito. Y aunque [piensa] ‘que haga lo beneficioso', hace lo perjudicial. Y aunque [piensa] ‘que busque con eso entrar a la senda del buen destino’, busca entrar a la senda del mal destino. Uno que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, levanta este primer cuchillo mental perjudicial que trae como resultado el sufrimiento.

“Además, brahmán, alguien que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, profiere palabras semejantes a estas: ‘Que esta gran cantidad de toros sea muerta en el sacrificio… Que esta gran cantidad de bueyes… novillos… cabras… carneros sea muerta en el sacrificio’. Y aunque [piensa] ‘que haga el mérito’, hace el demerito. Y aunque [piensa] ‘que haga lo beneficioso', hace lo perjudicial. Y aunque [piensa] ‘que busque con eso entrar a la senda del buen destino’, busca entrar a la senda del mal destino. Uno que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, levanta este segundo cuchillo verbal perjudicial que trae como resultado el sufrimiento.

“Además, brahmán, alguien que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, emprende primero la preparación para matar a los toros en el sacrificio… a matar a los bueyes… novillos… cabras… carneros en el sacrificio’. Y aunque [piensa] ‘que haga el mérito’, hace el demerito. Y aunque [piensa] ‘que haga lo beneficioso', hace lo perjudicial. Y aunque [piensa] ‘que busque con eso entrar a la senda del buen destino’, busca entrar a la senda del mal destino. Uno que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, levanta este tercer cuchillo corporal perjudicial que trae como resultado el sufrimiento.

“Brahmán, alguien que enciende el fuego del sacrificio y eleva el poste del sacrificio, incluso antes de que el mismo suceda, levanta tres cuchillos perjudiciales que traen como resultado el sufrimiento.

“He aquí, brahmán, estos tres fuegos que deben ser abandonados y evitados y no deben ser cultivados. Y, ¿cuáles son esos tres? El fuego de la codicia, el fuego del odio y el fuego de la falsa ilusión.

“Y, ¿Cómo debe ser abandonado, evitado y no cultivado el fuego de la codicia? Alguien excitado por la codicia, superado por la codicia, con la mente obsesionada por ella, se involucra en mala conducta corporal, verbal y mental. Como consecuencia, con la destrucción del cuerpo, después de la muerte, renace en el plano de la miseria, dentro del mal destino, en el mundo bajo, en el infierno. Por eso, este fuego de la codicia debe ser abandonado, evitado y no cultivado.

“Y, ¿Cómo debe ser abandonado, evitado y no cultivado el fuego del odio… el fuego de la falsa ilusión? Alguien confundido por la falsa ilusión, superado por la falsa ilusión, con la mente obsesionada por ella, se involucra en mala conducta corporal, verbal y mental. Como consecuencia, con la destrucción del cuerpo, después de la muerte, renace en el plano de la miseria, dentro del mal destino, en el mundo bajo, en el infierno. Por eso, este fuego de la falsa ilusión debe ser abandonado, evitado y no cultivado.

“Éstos son, brahmán, los tres fuegos que deben ser abandonados y evitados y no deben ser cultivados.

“He aquí, brahmán, estos tres fuegos que deben ser apropiada y felizmente mantenidos, honrados, respetados, estimados y venerados. Y, ¿cuáles son esos tres? El fuego de aquellos que son dignos de las ofrendas, el fuego del hombre hogareño y el fuego de aquellos que son dignos de dádivas.

“Y, ¿cuál es el fuego de aquellos que son dignos de las ofrendas? La madre y el padre de uno, son llamados el fuego de aquellos que son dignos de las ofrendas. Y, ¿por cuál razón? Porque es a partir de ellos que uno se originó y llegó a existir. Por eso, este fuego de aquellos que son dignos de las ofrendas debe ser apropiada y felizmente mantenido, honrado, respetado, estimado y venerado.

“Y, ¿cuál es el fuego del hombre hogareño? Los hijos, las mujeres, los esclavos, los sirvientes y los trabajadores son llamados el fuego del hombre hogareño. Por eso, este fuego del hombre hogareño debe ser apropiada y felizmente mantenido, honrado, respetado, estimado y venerado.

“Y, ¿cuál es el fuego de aquellos que son dignos de las dádivas? Aquellos ascetas y brahmanes que se refrenan de usar bebidas embriagantes que causan la negligencia, que moran en la paciencia y mansedumbre, que se doman a sí mismos, que se calman a sí mismos y se entrenan a sí mismos para el Nibbana, son llamados el fuego de aquellos que son dignos de las dádivas. Por eso, este fuego de aquellos que son dignos de las dádivas debe ser apropiada y felizmente mantenido, honrado, respetado, estimado y venerado.

“Estos son, brahmán, los tres fuegos que deben ser apropiada y felizmente mantenidos, honrados, respetados, estimados y venerados.

“Pero este fuego del bosque, brahmán, en determinados momentos debe ser encendido, en determinados momentos debe ser considerado con ecuanimidad, en determinados momentos debe ser extinguido y en determinados momentos debe ser dejado a un lado”.

Cuando se dijo esto, el brahmán Uggatasarira dijo el Bienaventurado: “¡Excelente, maestro Gotama! ¡Excelente, maestro Gotama! El maestro Gotama esclareció el Dhamma de diferentes maneras, como si enderezara lo que estaba torcido, revelara lo que estaba oculto, mostrara el camino a los que estaban perdidos o sostuviera una lámpara en medio de la oscuridad, de manera tal que los de buena vista pudieran ver las formas. Ahora voy por refugio al maestro Gotama, al Dhamma y al Sangha de los monjes. Que el maestro Gotama me considere como su seguidor laico a partir de ahora, que ha ido por refugio de por vida. Maestro Gotama, pondré en libertad a los quinientos toros y les permitiré vivir. Pondré en libertad a los quinientos bueyes y les permitiré vivir. Pondré en libertad a los quinientos novillos y les permitiré vivir. Pondré en libertad a las quinientas cabras y les permitiré vivir. Pondré en libertad a los quinientos carneros y les permitiré vivir. Que coman el pasto verde, tomen el agua fresca y disfruten de la suave brisa”.