Colección de discursos agrupados numéricamente

7.49. Segundo discurso sobre las percepciones

“Monjes, estas siete percepciones, cuando se las desarrolla y cultiva, traen un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo lo inmortal como su consumación. Y, ¿cuáles son esas siete? La percepción de lo repugnante, la percepción de la muerte, la percepción de lo repugnante de la comida, la percepción del no-deleite en el mundo entero, la percepción de la transitoriedad, la percepción de la insatisfacción en la transitoriedad y la percepción del no-yo, en lo que es insatisfactorio. Éstas son, monjes, las siete percepciones, que cuando son desarrolladas y cultivadas, traen un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo lo inmortal como su consumación.

“Se ha dicho: ‘La percepción de lo repugnante, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’. Y, ¿por qué se ha dicho esto? Cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante, su mente se encoge lejos de la relación sexual, retrocede de ella, sale fuera de ella, se mantiene lejos de ella y no es atraído por ella, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión. Así como una pluma de gallo o una tira de tendón, arrojado o arrojada al fuego se encoge lejos de él, retrocede de él, sale fuera de él, no es atraído o atraída por él, esto mismo sucede en consideración con la relación sexual, cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante.

“Si, cuando el monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante, su mente se inclinase a la relación sexual o si él no retrocediese de ella, debería comprender esto: ‘No he desarrollado la percepción de lo repugnante; he aquí, no hay distinción alguna entre mi condición previa y la presente; no alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente. Pero si, cuando mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante, su mente se encoge lejos de la relación sexual, retrocede de ella, sale fuera de ella se mantiene lejos de ella y no es atraído por ella, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión, debería comprender esto: ‘He desarrollado la percepción de lo repugnante; he aquí, hay distinción entre mi condición previa y la presente; alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente.

“Cuando se ha dicho, monjes: ‘La percepción de lo repugnante, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’, se lo ha dicho por eso.

“Se ha dicho: ‘La percepción de la muerte, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’. Y, ¿por qué se ha dicho esto? Cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la muerte, su mente se encoge lejos de la atadura de la vida, retrocede de ella, sale fuera de ella, se mantiene lejos de ella y no es atraído por ella, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión. Así como una pluma de gallo o una tira de tendón, arrojado o arrojada al fuego se encoge lejos de él, retrocede de él, sale fuera de él, no es atraído o atraída por él, esto mismo sucede en consideración con la atadura de la vida, cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la muerte.

“Si, cuando el monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la muerte, su mente se inclinase a la atadura de la vida o si él no retrocediese de ella, debería comprender esto: ‘No he desarrollado la percepción de la muerte; he aquí, no hay distinción alguna entre mi condición previa y la presente; no alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente. Pero si, cuando mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la muerte, su mente se encoge lejos de la atadura de la vida, retrocede de ella, sale fuera de ella se mantiene lejos de ella y no es atraído por ella, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión, debería comprender esto: ‘He desarrollado la percepción de la muerte; he aquí, hay distinción entre mi condición previa y la presente; alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente.

“Cuando se ha dicho, monjes: ‘La percepción de la muerte, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’, se lo ha dicho por eso.

“Se ha dicho: ‘La percepción de lo repugnante de la comida, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’. Y, ¿por qué se ha dicho esto? Cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante de la comida, su mente se encoge lejos de la avidez por los sabores, retrocede de ellos, sale fuera de ellos, se mantiene lejos de ellos y no es atraído por ellos, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión. Así como una pluma de gallo o una tira de tendón, arrojado o arrojada al fuego se encoge lejos de él, retrocede de él, sale fuera de él, no es atraído o atraída por él, esto mismo sucede en consideración con la avidez por los sabores, cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante de la comida.

“Si, cuando el monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante de la comida, su mente se inclinase a la avidez por los sabores o si él no retrocediese de ellos, debería comprender esto: ‘No he desarrollado la percepción de lo repugnante de la comida; he aquí, no hay distinción alguna entre mi condición previa y la presente; no alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente. Pero si, cuando mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de lo repugnante de la comida, su mente se encoge lejos de la avidez por los sabores, retrocede de ellos, sale fuera de ellos, se mantiene lejos de ellos y no es atraído por ellos, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión, debería comprender esto: ‘He desarrollado la percepción de lo repugnante de la comida; he aquí, hay distinción entre mi condición previa y la presente; alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente.

“Cuando se ha dicho, monjes: ‘La percepción de lo repugnante de la comida, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’, se lo ha dicho por eso.

“Se ha dicho: ‘La percepción del no-deleite en el mundo entero, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’. Y, ¿por qué se ha dicho esto? Cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción del no-deleite en el mundo entero, su mente se encoge lejos de las hermosas cosas del mundo, retrocede de ellos, sale fuera de ellos, se mantiene lejos de ellos y no es atraído por ellos, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión. Así como una pluma de gallo o una tira de tendón, arrojado o arrojada al fuego se encoge lejos de él, retrocede de él, sale fuera de él, no es atraído o atraída por él, esto mismo sucede en consideración con las hermosas cosas del mundo, cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción del no-deleite en el mundo entero.

“Si, cuando el monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción del no-deleite en el mundo entero, su mente se inclinase a las hermosas cosas del mundo o si él no retrocediese de ellas, debería comprender esto: ‘No he desarrollado la percepción del no-deleite en el mundo entero; he aquí, no hay distinción alguna entre mi condición previa y la presente; no alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente. Pero si, cuando mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción del no-deleite en el mundo entero, su mente se encoge lejos de las hermosas cosas del mundo, retrocede de ellas, sale fuera de ellas, se mantiene lejos de ellas y no es atraído por ellas, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión, debería comprender esto: ‘He desarrollado la percepción del no-deleite en el mundo entero; he aquí, hay distinción entre mi condición previa y la presente; alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente.

“Cuando se ha dicho, monjes: ‘La percepción del no-deleite en el mundo entero, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’, se lo ha dicho por eso.

“Se ha dicho: ‘La percepción de la transitoriedad, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’. Y, ¿por qué se ha dicho esto? Cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la transitoriedad, su mente se encoge lejos de las ganancias, honra y alabanzas, retrocede de ellas, sale fuera de ellas, se mantiene lejos de ellas y no es atraído por ellas, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión. Así como una pluma de gallo o una tira de tendón, arrojado o arrojada al fuego se encoge lejos de él, retrocede de él, sale fuera de él, no es atraído o atraída por él, esto mismo sucede en consideración con las ganancias, honra y alabanzas, cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la transitoriedad.

“Si, cuando el monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la transitoriedad, su mente se inclinase a las ganancias, honra y alabanzas, o si él no retrocediese de ellas, debería comprender esto: ‘No he desarrollado la percepción de la transitoriedad; he aquí, no hay distinción alguna entre mi condición previa y la presente; no alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente. Pero si, cuando mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la transitoriedad, su mente se encoge lejos de las ganancias, honra y alabanzas, retrocede de ellas, sale fuera de ellas, se mantiene lejos de ellas y no es atraído por ellas, más bien, se establecen en él la ecuanimidad o la repulsión, debería comprender esto: ‘He desarrollado la percepción de la transitoriedad; he aquí, hay distinción entre mi condición previa y la presente; alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente.

“Cuando se ha dicho, monjes: ‘La percepción de la transitoriedad, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’, se lo ha dicho por eso.

“Se ha dicho: ‘La percepción de la insatisfacción en la transitoriedad, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’. Y, ¿por qué se ha dicho esto? Cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la insatisfacción en la transitoriedad, llega a establecerse en él una aguda percepción del peligro a la somnolencia, la pereza, dejadez, descuido, falta de esfuerzo y reflexión, al igual que hacia un asesino con la espada desenvainada.

“Si, cuando el monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la insatisfacción en la transitoriedad, su mente se inclinase a la somnolencia, la pereza, dejadez, descuido, falta de esfuerzo y reflexión, al igual que hacia un asesino con la espada desenvainada, debería comprender esto: ‘No he desarrollado la percepción de la insatisfacción en la transitoriedad; he aquí, no hay distinción alguna entre mi condición previa y la presente; no alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente. Pero si, cuando mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción de la insatisfacción en la transitoriedad, se establece en él una aguda percepción del peligro a la somnolencia, la pereza, dejadez, descuido, falta de esfuerzo y reflexión, al igual que hacia un asesino con la espada desenvainada, debería comprender esto: ‘He desarrollado la percepción de la insatisfacción en la transitoriedad; he aquí, hay distinción entre mi condición previa y la presente; alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente.

“Cuando se ha dicho, monjes: ‘La percepción de la insatisfacción en la transitoriedad, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’, se lo ha dicho por eso.

“Se ha dicho: ‘La percepción del no-yo, en lo que es insatisfactorio, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación’. Y, ¿por qué se ha dicho esto? Cuando un monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción del no-yo, en lo que es insatisfactorio, su mente está desprovista de este-soy-yo, esto-es-mío y del engreimiento respecto a este cuerpo consciente y a todos los objetos externos, ha trascendido la discriminación, está en paz y bien liberada.

“Si, cuando el monje mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción del no-yo, en lo que es insatisfactorio, su mente no está desprovista de este-soy-yo, esto-es-mío ni del engreimiento respecto a este cuerpo consciente y a todos los objetos externos, no ha trascendido la discriminación, no está en paz ni bien liberada, debería comprender esto: ‘No he desarrollado la percepción de la insatisfacción en la transitoriedad; he aquí, no hay distinción alguna entre mi condición previa y la presente; no alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente. Pero si, cuando mora frecuentemente con la mente acostumbrada a la percepción del no-yo, en lo que es insatisfactorio, su mente está desprovista de este-soy-yo, esto-es-mío y del engreimiento respecto a este cuerpo consciente y a todos los objetos externos, ha trascendido la discriminación, está en paz y bien liberada, debería comprender esto: ‘He desarrollado la percepción del no-yo, en lo que es insatisfactorio; he aquí, hay distinción entre mi condición previa y la presente; alcancé el fruto del desarrollo’. Así comprende esto claramente.

“Cuando se ha dicho, monjes: ‘La percepción del no-yo, en lo que es insatisfactorio, cuando se la desarrolla y cultiva, trae un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo lo inmortal como su consumación’, se lo ha dicho por eso.

“Éstas son, monjes, las siete percepciones, que cuando son desarrolladas y cultivadas, traen un gran fruto y beneficio, culminando con lo inmortal y teniendo lo inmortal como su consumación”.