Colección de discursos agrupados numéricamente

8.24. Segundo discurso con Hatthaka

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en el santuario Aggalava, en Alavi. Entonces Hatthaka, acompañado por quinientos seguidores laicos, se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje y se sentó a un lado. Y el Bienaventurado le dijo:

“Tu séquito es grande, Hatthaka. ¿Cómo sostienes un séquito tan grande?”.

“Lo hago, Venerable Señor, por medio de los cuatro modos de sustento de las relaciones favorables enseñados por el Bienaventurado. Cuando sé: ‘Éste ha de ser sustentado por medio de una dádiva’, lo sostengo por medio de una dádiva. Cuando sé: ‘Éste ha de ser sustentado por medio de una manera entrañable de hablar’, lo sostengo por medio de una manera agradable de hablar. Cuando sé: ‘Éste ha de ser sustentado por medio de una conducta beneficiosa’, lo sostengo por medio de una conducta beneficiosa. Cuando sé: ‘Éste ha de ser sustentado por medio de la imparcialidad’, lo sostengo por medio de la imparcialidad. Hay riquezas en mi familia, Venerable Señor. Ellos no tienen por qué escucharme como si fuera una persona pobre”.

“¡Bien, muy bien, Hatthaka! Este es el método, por medio del cual sostienes un gran séquito. Todos aquellos que sostuvieron un gran séquito en el pasado, lo hicieron de la misma manera, por medio de los cuatro modos de sustento de las relaciones favorables. Todos aquellos que van a sostener un gran séquito en el futuro, lo harán de la misma manera, por medio de los cuatro modos de sustento de las relaciones favorables. Todos aquellos que sostienen un gran séquito en el presente, lo hacen de la misma manera, por medio de los cuatro modos de sustento de las relaciones favorables”.

Entonces, después de que el Bienaventurado hubo instruido, animado, inspirado y regocijado a Hatthaka de Alavi por medio de una plática del Dhamma, éste se levantó de su asiento, le rindió homenaje al Bienaventurado y salió de allí, manteniendo siempre al Bienaventurado a su mano derecha. Acto seguido, el Bienaventurado se dirigió a los monjes: “Monjes, deberíais recordar a Hatthaka de Alavi como a alguien que posee ocho asombrosas y maravillosas cualidades. Y, ¿cuáles son esas ocho? Está dotado de la fe. Es virtuoso y posee el sentido de la vergüenza moral y temor moral. Es instruido, generoso y sabio. Posee pocos deseos. Deberíais recordar a Hatthaka de Alavi como a alguien que posee estas ocho asombrosas y maravillosas cualidades”.

En AN y.