Colección de discursos agrupados numéricamente

8.70. Los terremotos

En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando cerca de Vesali en la casa con el techo de dos aguas, en el Gran Bosque. Entonces, se levantó muy temprano, se vistió y tomando su cuenco y hábito exterior, se fue a Vesali en busca de limosnas. Habiendo vuelto y comido, se dirigió al Venerable Ananda, diciendo: “Toma una estera, Ananda. Esta siesta vamos a ir al santuario de Capala”.—"Muy bien, Venerable Señor", respondió el Venerable Ananda y, llevando la estera, siguió los pasos del Bienaventurado.

Y cuando el Bienaventurado llegó al santuario de Capala, se sentó en el asiento que estaba preparado para él. Después, llegó el Venerable Ananda quien, saludando al Bienaventurado respetuosamente, se sentó a un lado. Entonces el Bienaventurado dijo: “Ananda, la ciudad de Vesali es agradable, el santuario de Udena también es agradable, al igual que son agradables los santuarios de Gotamaka, Sattambaka, Bahuputta y Capala.

“Ananda, cualquiera que desarrolla las cuatro bases del poder espiritual, las practica frecuentemente y se establece en ellas, para quien estas bases se vuelven familiares, quien las entiende bien y las perfecciona, ciertamente podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo deseara. Y el Tathagata, Ananda, desarrolló las cuatro bases del poder espiritual, las practicó frecuentemente, se estableció en ellas, las mismas se le volvieron familiares, las entendió bien y las perfeccionó; ciertamente, entonces, el Tathagata podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo quisiese”.

Pero el Venerable Ananda, no fue capaz de captar esta indirecta del Bienaventurado, esta señal tan clara. Y como su mente estaba influenciada por el Mara, no le imploró: “Que el Bienaventurado continúe aquí por siglos, que el Bendito permanezca durante todo el periodo del mundo para el bien y la felicidad de las multitudes, por causa de su compasión, para el beneficio y felicidad de los devas y los seres humanos”.

Y por segunda vez… Y por la tercera vez el Bienaventurado dijo: “Ananda, la ciudad de Vesali es agradable, el santuario de Udena también es agradable, al igual que son agradables los santuarios de Gotamaka, Sattambaka, Bahuputta y Capala.

“Ananda, cualquiera que desarrolla las cuatro bases del poder espiritual, las practica frecuentemente y se establece en ellas, para quien estas bases se vuelvan familiares, quien las entiende bien y las perfecciona, ciertamente podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo deseara. Y el Tathagata, Ananda, desarrolló las cuatro bases del poder espiritual, las practicó frecuentemente, se estableció en ellas, las mismas se le volvieron familiares para él, las entendió bien y las perfeccionó; ciertamente, entonces, el Tathagata podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo quisiese”.

Pero el Venerable Ananda, no fue capaz de captar esta indirecta del Bienaventurado, esta señal tan clara. Y como su mente estaba influenciada por el Mara, no le imploró: “Qué el Bienaventurado continúe aquí por siglos, que el Bendito permanezca durante todo el periodo del mundo para el bien y la felicidad de las multitudes, por causa de su compasión, para el beneficio y felicidad de los devas y de los humanos”.

Entonces, el Bienaventurado dijo: “Ananda, puedes retirarte ya y hacer lo que te parezca conveniente”.—"Muy bien, Venerable Señor", respondió el Venerable Ananda y, levantándose de su asiento, saludó al Bienaventurado y se retiró, cuidando que el Bienaventurado quedara siempre a su derecha.

Una vez Ananda se hubo retirado, el Mara, el Malvado, se acercó al Bienaventurado. Permaneciendo de pie a un costado, se dirigió al Bienaventurado con estas palabras: “Venerable Señor, ahora es el tiempo para que el Bienaventurado alcance su Nibbana final; que el Bienhechor haga su último paso; llegó el momento para el Parinibbana, Venerable Señor.

“Alguna vez, el Bienaventurado dijo: ‘Malvado, yo no pasaré al Nibbana final hasta que tenga monjes y monjas, seguidores laicos y seguidoras laicas que sean verdaderos discípulos, bien entrenados, sabios, capaces de preservar el Dhamma, que vivan de acuerdo al Dhamma, que perduren en una conducta adecuada y que, al aprender las palabras del Maestro, sean aptos de exponerlas, predicarlas, proclamarlas, establecerlas, revelarlas, explicarlas en detalle y hacerlas claras, de tal manera que, cuando surjan las opiniones adversas, sean capaces de refutarlas meticulosamente y predicar este convincente y liberador Dhamma'.

“Ahora bien, Venerable Señor, los monjes y las monjas, los seguidores laicos y las seguidoras laicas llegaron a ser sus verdaderos discípulos, justo de la manera como lo quiso. De modo que, Venerable Señor, ahora es el tiempo para que el Bienaventurado alcance su Nibbana final; que el Bienhechor haga su último paso; llegó el momento para el Parinibbana, Venerable Señor.

“Además, alguna vez el Bienaventurado dijo: ‘Malvado, yo no pasaré al Nibbana final hasta que esta vida santa sea enseñada por mí de tal manera que llegue a ser exitosa, que prospere y tenga renombre, que sea popular y extendida, bien proclamada a los seres humanos y las divinidades'.

“Ahora bien, Venerable Señor, esta vida santa ha sido enseñada justo de la manera como lo quiso. De modo que, venerable señor, ahora es el tiempo para que el Bienaventurado alcance su Nibbana final; que el Bienhechor haga su último paso; llegó el momento para el Parinibbana, Venerable Señor”.

Dicho esto, el Bienaventurado habló al Mara, al Malvado: “No te turbes a ti mismo, Malvado. No demorará mucho tiempo para que el Tathagata alcance su Nibbana final. No más que en tres meses, el Tathagata habrá alcanzado el Parinibbana”.

En esta ocasión, en el santuario de Capala, el Bienaventurado, conscientemente atento y con plena comprensión, renunció a su voluntad de vivir. Cuando esto ocurrió, se escuchó un gran temblor de la tierra, terrible y estupefacto, acompañado de truenos que rodaban desde los cielos. Entonces el Bienaventurado, observando esto con entendimiento, compuso los siguientes versos:

Lo que causa la vida, sin límites ni confinamientos,
Su proceso de nacimientos—esto es a lo que el Sabio
Renuncia—. Con calma interior y dicha, destruye,
Como la cota de malla, la causa de su propia vida.

Entonces, este pensamiento surgió en la mente del Venerable Ananda: “¡Esto es realmente maravilloso y asombroso! ¡La tierra ha sido sacudida poderosa y tremendamente! ¡Es terrible y estupefacto ver cómo los truenos ruedan desde los cielos! ¿Cuál podría ser la razón? ¿Cuál es la causa de este poderoso terremoto?”.

Entonces, el Venerable Ananda se acercó al Bienaventurado y, saludándolo respetuosamente, se sentó a un lado y dijo: “¡Realmente, esto fue maravilloso y asombroso! ¡La tierra ha sido sacudida poderosa y tremendamente! ¡Es terrible y estupefacto ver cómo los truenos ruedan desde los cielos! ¿Cuál podría ser la razón? ¿Cuál es la causa de este poderoso terremoto?”.

A esto, el Bienaventurado respondió: “Hay ocho razones, Ananda, ocho causas de un terremoto poderoso. Y ¿cuáles son estas causas?

“Esta gran tierra, Ananda, está fundada sobre el líquido, el líquido, a su vez, sobre la atmósfera y ésta sobre el espacio. Entonces, Ananda, cuando tienen lugar unos poderosos disturbios atmosféricos, el líquido se agita. Y con el líquido agitado, surgen temblores en la tierra. Esta es la primera razón, la primera causa de los poderosos terremotos.

“Además, Ananda, cuando un asceta o un hombre santo de gran poder, alguien que alcanza la maestría de su mente, o una deidad que es fuerte y poderosa, desarrolla una intensa concentración, en la cual el elemento de la tierra es débil, mientras que el elemento líquido es inconmensurable, también causa que la tierra tiemble, se agite y se sacuda. Esta es la segunda razón, la segunda causa de los poderosos terremotos.

“Además, Ananda, cuando el Bodhisatta desciende del cielo Tusita conscientemente atento y con clara comprensión al útero materno, también esto causa que la tierra tiemble, se agite y se sacuda. Esta es la tercera razón, la tercera causa de los poderosos terremotos.

“Además, Ananda, cuando el Bodhisatta emerge, conscientemente atento y con clara comprensión, del útero materno, también esto causa que la tierra tiemble, se agite y se sacuda. Esta es la cuarta razón, la cuarta causa de los poderosos terremotos.

“Una vez más, Ananda, cuando el Tathagata alcanza el insuperable despertar, conscientemente atento y con clara comprensión, esto también causa que la tierra tiemble, se agite y se sacuda. Esta es la quinta razón, la quinta causa de los poderosos terremotos.

“Además, Ananda, cuando el Tathagata pone en movimiento la Rueda del Dhamma, conscientemente atento y con clara comprensión, esto también causa que la tierra tiemble, se agite y se sacuda. Esta es la sexta razón, la sexta causa de los poderosos terremotos.

“Además, Ananda, cuando el Tathagata, conscientemente atento y con clara comprensión, renuncia a su voluntad de vivir, esto también causa que la tierra tiemble, se agite y se sacuda. Esta es la séptima razón, la séptima causa de los poderosos terremotos.

“Además, Ananda, cuando el Tathagata alcanza el Nibbana final, sin que permanezca elemento alguno de apego, también esto causa que la tierra tiemble, se agite y se sacuda. Esta es la octava razón, la octava causa de los poderosos terremotos.

“Estas son las ocho razones, Ananda, las ocho causas de un terremoto poderoso”.