Colección de discursos agrupados numéricamente

8.73. Primer discurso sobre la atención consciente en la muerte

En una ocasión el Bienaventurado estaba en Nadika, en el Salón de Ladrillos, donde se dirigió a los monjes, diciendo: “Monjes”.

“Sí, Venerable Señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Monjes, la atención consciente puesta en la muerte, cuando es desarrollada y perfeccionada, es fructífera y beneficiosa. Culmina con la inmortalidad y la inmortalidad es su consumación. De modo que debéis practicar la atención consciente puesta en la muerte”.

Cuando esto fue dicho, cierto monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte, monje?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese un día y una noche, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Entonces, otro monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo también practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte, monje?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese un día, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Entonces, otro monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo también practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte, monje?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese medio día, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Luego, otro monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo también practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese por el intervalo que dura consumir una comida de las limosnas, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Luego, otro monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo también practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese por el intervalo que dura consumir la mitad de la comida de las limosnas, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Después, otro monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo también practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese por el intervalo que dura tragar y masticar cuatro o cinco bocados de comida, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Entonces, otro monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo también practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese por el intervalo que dura tragar y masticar un sólo bocado de comida, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Luego, otro monje se dirigió al Bienaventurado y dijo: “Venerable Señor, yo también practico ya la atención consciente puesta en la muerte”.

“Y, ¿de qué manera practicas la atención consciente puesta en la muerte?”.

“Yo pienso: ‘Oh, si yo viviese por el intervalo que dura una inhalación de aire después de la exhalación o una exhalación después de la inhalación, atendiendo las palabras del Bienaventurado, podría conseguir la realización de la gran meta’. Así es cómo practico la atención consciente puesta en la muerte”.

Cuando esto fue dicho, el Bienaventurado se dirigió a los monjes con estas palabras:

“Cualquiera que practica la atención consciente puesta en la muerte pensando: ‘Oh, si yo viviese un día y una noche… Oh, si yo viviese un día… Oh, si viviese medio día… Oh, si yo viviese por el intervalo que dura consumir una comida de las limosnas… Oh, si viviese por el intervalo que dura consumir la mitad de una comida de las limosnas… Oh, si yo viviese por el intervalo que dura tragar y masticar cuatro o cinco bocados de comida, podría conseguir la realización de la gran meta’, practica descuidadamente; el desarrollo de la atención consciente puesta en la muerte sólo le servirá muy lentamente para poner fin a las corrupciones mentales.

“Pero aquel que practica la atención consciente puesta en la muerte pensando: ‘Oh, si yo viviese por el intervalo que dura tragar y masticar un sólo bocado de comida… Oh, si yo viviese por el intervalo que dura una inhalación de aire después de la exhalación o una exhalación después de la inhalación, podría conseguir la realización de la gran meta’, practica atentamente y el desarrollo de la atención consciente puesta en la muerte le servirá plenamente para poner fin a las corrupciones mentales.

“Así que, monjes, debéis practicar de esta manera: ‘Vamos a morar en la atención. Vamos a desarrollar la atención consciente en la muerte plenamente, para poner fin a las corrupciones mentales’. De esta forma debéis practicar”.