Colección de discursos agrupados numéricamente

8.74. Segundo discurso sobre la atención consciente en la muerte

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en el Salón de Ladrillos, en Nadika. Estando allí, el Bienaventurado se dirigió a los monjes así:

“Monjes, la atención consciente en la muerte, cuando se la desarrolla y cultiva es de gran fruto y beneficio, culminando en lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación. Y, ¿cómo es eso, monjes?

“He aquí, monjes, cuando el día retrocede y se acerca la noche, el monje reflexiona así: ‘Podría estar muerto por cuenta de muchas causas. Podría morderme una serpiente, un escorpión o podría picarme fuerte un ciempiés, por cuya causa podría estar muerto; aquello podría ser un obstáculo para mí. Podría tropezar y caer, mi comida podría no caerme bien, mi bilis podría agitarse, mi flema podría agitarse, un fuerte viento podría agitarme, la gente podría atacarme o algunos espíritus salvajes podrían atacarme, por cuya causa podría estar muerto; aquello podría ser un obstáculo para mí’.

“Este monje debería reflexionar así: ‘¿Tengo algunas características malas y perjudiciales que no han sido abandonadas, las cuales podrían convertirse en un obstáculo para mí si muriese esta noche?’. Si después de haberse examinado así, el monje conoce esto: ‘Efectivamente, tengo algunas características malas y perjudiciales que no han sido abandonadas, las cuales podrían convertirse en un obstáculo para mí si muriese esta noche’, entonces debería poner un esfuerzo extraordinario, deseo, celo, entusiasmo, determinación, atención consciente y clara comprensión para abandonar aquellas malas y perjudiciales características. Al igual que alguien, cuya ropa o cabeza se estuviera incendiando debería poner un esfuerzo extraordinario, deseo, celo, entusiasmo, determinación, atención consciente y clara comprensión para extinguir [el fuego de] su ropa o cabeza, así también aquel monje debería poner un esfuerzo extraordinario, deseo, celo, entusiasmo, determinación, atención consciente y clara comprensión para abandonar aquellas malas y perjudiciales características.

“Pero si después de haberse examinado así, el monje conoce esto: ‘Yo no tengo características malas y perjudiciales algunas que no han sido abandonadas, las cuales podrían convertirse en un obstáculo para mí si muriese esta noche’, entonces debería permanecer en este mismo arrobamiento y gozo, entrenándose día y noche en las cualidades beneficiosas.

“Además,monjes, cuando la noche retrocede y el día se acerca, el monje reflexiona así: ‘Podría estar muerto por cuenta de muchas causas. Podría morderme una serpiente… o un fuerte viento podría agitarme, por cuya causa podría estar muerto; aquello podría ser un obstáculo para mí’.

“Este monje debería reflexionar así: ‘¿tengo algunas características malas y perjudiciales que no han sido abandonadas, las cuales podrían convertirse en un obstáculo para mí si muriese este día?’… [sigue igual, reemplazando “esta noche” por “este día”].

“Es así, monjes, cómo la atención consciente en la muerte, cuando se la desarrolla y cultiva es de gran fruto y beneficio, culminando en lo inmortal y teniendo a lo inmortal como su consumación”.