Colección de discursos agrupados numéricamente

9.20. Velama

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda Jeta del parque Anathapindika, cerca de Savatthi. Entonces, el hombre hogareño Anathapindika se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje y se sentó a un lado. Entonces el Bienaventurado le preguntó:

“¿Se da limosna en tu familia, hombre hogareño?”.

“Se da limosna en mi familia, Venerable Señor, pero la misma consiste en arroz partido y gachas de arroz”.

“Hombre hogareño, cuando uno da limosnas, fueran estás comunes o excelentes, pero las da irrespetuosamente, las da sin consideración alguna, no las da con su propia mano, da lo que ha de ser descartado, da sin considerar las futuras consecuencias de eso, entonces cualquiera que fuese el resultado que se produzca de eso para uno, la mente de uno no se inclina hacia el disfrute de una magnífica comida, hacia el disfrute de una magnífica vestimenta, hacia el disfrute de unos magníficos vehículos, hacia el disfrute de cualquier otra cosa magnífica que es objeto de los placeres sensuales. Tampoco los hijos de uno, ni la esposa, los esclavos, los sirvientes, ni los trabajadores quieren escuchar a uno, no prestan atención ni aplican sus mentes para entender. Y, ¿por qué así? Precisamente como resultado de aquella acción de dar irrespetuosamente.

“Hombre hogareño, cuando uno da limosnas, fueran estás comunes o excelentes, pero las da respetuosamente, las da con la debida consideración, las da con su propia mano, da no aquello que ha de ser descartado, da considerando las futuras consecuencias de eso, entonces cualquiera que fuese el resultado que se produzca de eso para uno, la mente de uno se inclina hacia el disfrute de una magnífica comida, hacia el disfrute de una magnífica vestimenta, hacia el disfrute de unos magníficos vehículos, hacia el disfrute de cualquier otra cosa magnífica que es objeto de los placeres sensuales. También los hijos de uno y la esposa, los esclavos, los sirvientes y los trabajadores escuchan a uno, prestan atención y aplican sus mentes para entender. Y, ¿por qué así? Precisamente como resultado de aquella acción de dar respetuosamente.

“Hombre hogareño, en el pasado vivía un brahmán de nombre Velama, que dio una ofrenda de las limosnas tan grande como esta: ochenta y cuatro mil cuencos de oro rellenos de plata; ochenta y cuatro mil cuencos de plata rellenos de oro; ochenta y cuatro mil cuencos de bronce rellenos de lingotes; ochenta y cuatro mil elefantes con ornamentos dorados, banderas doradas cubiertas por redes de hilos dorados; ochenta y cuatro mil carros tapizados con pieles de león, pieles de tigre, pieles de leopardo, teñidas mantas de color azafrán, con ornamentos dorados, banderas doradas cubiertas por redes de hilos dorados; ochenta y cuatro mil vacas lecheras con correas de yute y cubos de bronce; ochenta y cuatro mil doncellas adornadas con pendientes de piedras preciosas; ochenta y cuatro mil sofás con alfombras extendidas, mantos y cobertores, revestidos excelentemente con pieles de antílope, con marquesinas y cabezales de ambos lados; ochenta y cuatro mil kotis de vestidos hechos de lino fino, de fina seda, de fina lana y de fino algodón. Y ni hablar de comida y bebida, alimentos, refrescos y otras bebidas. Todo esto parecía como un río que fluyera.

“Quizá pienses así, hombre hogareño: ‘Seguramente el brahmán Velama quien en aquella ocasión dio una ofrenda de las limosnas tan grande como esta era otra persona’. Pero no deberías mirar esto de esa manera. Fui yo mismo el brahmán Velama, quien dio en aquella oportunidad una ofrenda de las limosnas tan grande como esta.

“Ahora bien, hombre hogareño, en aquella ofrenda de las limosnas no había nadie digno de ofrendes, nadie que purificase la ofrenda. Incluso más fructífera que la gran ofrenda de las limosnas que hizo el brahmán Velama, sería una hecha para alimentar a una persona realizada en la visión. Incluso más fructífera que la gran ofrenda de las limosnas que hizo el brahmán Velama, y más fructífera que la que fuera hecha para alimentar a cien personas realizadas en la visión, sería una hecha para alimentar al que una-vez-retorna. Incluso más fructífera que la gran ofrenda de las limosnas que hizo el brahmán Velama, y más fructífera que la que fuera hecha para alimentar a cien de los que una-vez-retornan, sería hecha para alimentar al que no-retorna. Incluso más fructífera que… la que fuera hecha para alimentar a cien de los que no-retornan, sería hecha para alimentar a un Arahant. Incluso más fructífera que… la que fuera hecha para alimentar a cien Arahants, sería hecha para alimentar a un Paccekabuddha. Incluso más fructífera que… la que fuera hecha para alimentar a cien Paccekabuddhas, sería hecha para alimentar al Tathagata, al Perfectamente Iluminado… sería hecha para alimentar al Sangha de los monjes encabezado por el Buda… la que fuera hecha para construir la vivienda dedicada al Sangha de los monjes de los cuatro puntos cardinales… la que fuera hecha por alguien con la mente confiada en ir por refugio al Buda, al Dhamma y Sangha… la que fuera hecha por alguien con la mente confiada en tomar las cinco reglas de entrenamiento: abstenerse de destruir la vida, abstenerse de tomar lo que a uno no le ha sido dado, abstenerse de la inapropiada conducta sexual, abstenerse de decir mentiras y abstenerse de tomar licores, vino y otras bebidas embriagantes que son la base de la negligencia… la que fuera hecha por alguien que desarrolla la mente en el amor benevolente incluso por el momento que dura empujar la ubre de la vaca.

“Hombre hogareño, incluso más fructífera que la gran ofrenda de las limosnas que hizo el brahmán Velama, que alimentar a una persona realizada en la visión, que alimentar a cien personas realizadas en la visión, que alimentar al que una-vez-retorna, que alimentar a cien de los que una-vez-retornan, que alimentar al que no-retorna, que alimentar a cien de los que no-retornan, que a un Arahant, que alimentar a cien Arahants, que alimentar a un Paccekabuddha, que alimentar a cien Paccekabuddhas, que alimentar al Tathagata, al Perfectamente Iluminado, que alimentar al Sangha de los monjes encabezado por el Buda, que construir la vivienda dedicada al Sangha de los monjes de los cuatro puntos cardinales, que tener la mente confiada en ir por refugio al Buda, al Dhamma y Sangha, que tener la mente confiada en tomar las cinco reglas de entrenamiento: abstenerse de destruir la vida… abstenerse de tomar licores, vino y otras bebidas embriagantes que son la base de la negligencia, que desarrollar la mente en el amor benevolente incluso por el momento que dura empujar la ubre de la vaca, sería desarrollar la percepción de la transitoriedad aunque sea en una fracción de segundo”.