Colección de discursos agrupados numéricamente

9.3. Meghiya

Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en el monte Calika, cerca de Calika. En esa época el Venerable Meghiya fue el ayudante del Bienaventurado. Entonces el Venerable Meghiya se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo:

“Venerable Señor, me gustaría entrar en Jantugama por la comida de las limosnas”.

“Puedes hacerlo, Meghiya, de acuerdo con lo que te sea conveniente”.

Entonces, por la mañana temprano, el Venerable Meghiya se vistió, tomó su cuenco y hábito exterior, y entró en Jantugama por la comida de las limosnas. Después de haber recorrido Jantugama en búsqueda de la comida de las limosnas, después de su comida, retornó de su recorrido por la comida de las limosnas y se dirigió a la orilla del río Kimikala. Mientras caminaba y recorría la orilla del río Kimikala para hacer ejercicios, el Venerable Meghiya vio una encantadora y deleitosa arboleda de mangos. Entonces se le ocurrió esto: ‘Esta arboleda de mangos es realmente encantadora y deleitosa, adecuada para el esfuerzo del hombre de clan que aspira esforzarse. Si el Bienaventurado me lo permitiera, volvería a esta arboleda de mangos para esforzarme'”.

Acto seguido, el Venerable Meghiya se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Esta mañana temprano me vestí, tomé mi cuenco y hábito exterior… lo mismo que en el párrafo anterior, pero narrado en primera persona… Si el Bienaventurado me lo permitiera, volvería a esa arboleda de mangos para esforzarme'. Así que, si el Bienaventurado me lo permitiera, volvería a esa arboleda de mangos para esforzarme”.

“Ya que estamos solos, Meghiya, espera hasta que venga algún otro monje”.

Y por segunda vez el Venerable Meghiya dijo al Bienaventurado: “Venerable Señor, para el Bienaventurado no hay nada más qué hacer y no [hay necesidad de] incrementar lo que ya ha sido hecho. Sin embargo yo, Venerable Señor, tengo algo más qué hacer y también [hay necesidad de] incrementar lo que ya ha sido hecho. Así que, si el Bienaventurado me lo permitiera, volvería a esa arboleda de mangos para esforzarme”.

“Ya que estamos solos, Meghiya, espera hasta que venga algún otro monje”.

Y por tercera vez el Venerable Meghiya dijo al Bienaventurado: “Venerable Señor, para el Bienaventurado no hay nada más qué hacer y no [hay necesidad de] incrementar lo que ya ha sido hecho. Sin embargo yo, Venerable Señor, tengo algo más qué hacer y también [hay necesidad de] incrementar lo que ya ha sido hecho. Así que, si el Bienaventurado me lo permitiera, volvería a esa arboleda de mangos para esforzarme”.

“Puesto que hablas del esfuerzo, Meghiya, ¿qué es lo que puedo decir? Puedes ir de acuerdo con lo que te sea conveniente”.

Acto seguido, el Venerable Meghiya se levantó de su asiento, rindió homenaje al Bienaventurado y, procurando que el Bienaventurado quedase siempre a su lado derecho, se fue a la arboleda de mangos. Al entrar allí se sentó al pie de un árbol para pasar el día. Entonces, mientras el Venerable Meghiya estaba morando en la arboleda de mangos, tres clases de malos y perjudiciales pensamientos se le ocurrían con frecuencia: pensamientos sensuales, pensamientos de animadversión y pensamientos de hacer daño. Entonces se le ocurrió esto:

“Esto es increíble y asombroso: he renunciado por fe a la vida hogareña por el estilo de vida sin hogar y, aún así, tres clases de malos y perjudiciales pensamientos me asechan con frecuencia: pensamientos sensuales, pensamientos de animadversión y pensamientos de hacer daño”.

Acto seguido el Venerable Meghiya se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “He aquí, Venerable Señor, mientras estaba morando en la arboleda de mangos, tres clases de malos y perjudiciales pensamientos se me ocurrían con frecuencia: pensamientos sensuales, pensamientos de animadversión y pensamientos de hacer daño. Entonces se me ocurrió esto: ‘Esto es increíble y asombroso: he renunciado por fe a la vida hogareña por el estilo de vida sin hogar y aún así tres clases de malos y perjudiciales pensamientos me asechan con frecuencia: pensamientos sensuales, pensamientos de animadversión y pensamientos de hacer daño'”.

“Meghiya, cuando la liberación de la mente aún no está madura, hay cinco cosas que conducen a su maduración. Y, ¿cuáles son esas cinco?

“He aquí, Meghiya, el monje tiene buenos amigos, buenos compañeros, buenos camaradas. Cuando la liberación de la mente aún no está madura, esta es la primera cosa que conduce a su maduración.

“Además, el monje es virtuoso: mora restringido por el Patimokkha, es poseedor de buena conducta y el soporte, viendo peligro en la más mínima falta. Habiéndose comprometido con las reglas de entrenamiento, se entrena en ellas. Cuando la liberación de la mente aún no está madura, esta es la segunda cosa que conduce a su maduración.

“Además, llega a escuchar a voluntad, sin problema ni dificultad, las charlas concernientes a la vida austera que conducen a la apertura del corazón, es decir, charlas sobre tener pocos deseos, sobre el contentamiento, la reclusión, sobre no apegarse a otros, el surgimiento de la energía, la conducta virtuosa, la concentración, la sabiduría, la liberación, y sobre el conocimiento y la visión de la liberación. Cuando la liberación de la mente aún no está madura, esta es la tercera cosa que conduce a su maduración.

“Además, el monje hace surgir la energía para abandonar los perjudiciales estados y adquirir los beneficiosos; es fuerte, firme en su esfuerzo, no descansando en su tarea de cultivar los saludables estados. Cuando la liberación de la mente aún no está madura, esta es la cuarta cosa que conduce a su maduración.

“Además, el monje es sabio; posee la sabiduría que discierne el surgimiento y la desaparición, que es noble, penetrante y conducente a la completa destrucción de la liberación. Cuando la liberación de la mente aún no está madura, esta es la quinta cosa que conduce a su maduración.

“Meghiya, cuando el monje tiene buenos amigos, buenos compañeros, buenos camaradas, cabe esperar de él que sea virtuoso: que more restringido por el Patimokkha… viendo peligro en la más mínima falta.

“Además, cuando el monje tiene buenos amigos, buenos compañeros, buenos camaradas, cabe esperar de él que llegue a escuchar a voluntad, sin problema ni dificultad, las charlas concernientes a la vida austera que conducen a la apertura del corazón… sobre el conocimiento y la visión de la liberación.

“Además, cuando el monje tiene buenos amigos, buenos compañeros, buenos camaradas, cabe esperar de él que haga surgir la energía para abandonar los perjudiciales estados y adquirir los beneficiosos… no descansando en su tarea de cultivar a los saludables estados.

“Además, cuando el monje tiene buenos amigos, buenos compañeros, buenos camaradas, cabe esperar de él que sea sabio; que posea la sabiduría que discierne el surgimiento y la desaparición, que es noble, penetrante y conducente a la completa destrucción de la liberación.

“Habiéndose establecido a sí mismo en estas cinco cosas, el monje debe desarrollar [otras] cuatro cosas: [la percepción de] lo repugnante debe ser desarrollado para abandonar la codicia. El amor benevolente debe ser desarrollado para abandonar la animadversión. La atención consciente debe ser desarrollada para cortar los pensamientos. La percepción de la transitoriedad debe ser desarrollada para erradicar la presunción del ‘yo soy’. Cuando uno percibe la transitoriedad, la percepción del no-yo se estabiliza. Cuando uno percibe al no-yo, erradica la presunción del ‘yo soy’, [lo cual es] el Nibbana en esta presente vida”.