Majjhima Nikaya 91

Brahmayu Sutta

Discurso con Brahmayu

Esto he escuchado: En una ocasión, el Bienaventurado estaba recorriendo el país de los videhans con el gran Sangha de los monjes, con unos quinientos monjes.

Al mismo tiempo el brahmán Brahmayu estaba viviendo en Mithila. Él era un hombre anciano, cargado de años, avanzado en el espacio vital, llegando a la última etapa de su vida; tenía ciento veinte años. Era un maestro en los Tres Vedas con sus vocabularios, liturgia, fonología y gramática, plenamente versado en la filosofía natural y en las marcas del Gran Hombre.

Y el brahmán Brahmayu escuchó esto: “El asceta Gotama que proviene del clan de los sakyas, está recorriendo el país de los videhans con el gran Sangha de los monjes, con unos quinientos monjes. En lo concerniente al maestro Gotama, se ha propagado el siguiente, muy buen informe: ‘Este Bienaventurado Señor es un Arahant, un Buda plenamente iluminado, perfecto en conocimiento y conducta, el sublime, el conocedor de los mundos, inigualado líder de los que han de ser amansados, el maestro de los dioses y los seres humanos, el iluminado, el bendito’. Él revela las cosas tanto del mundo de los dioses, Maras y Brahmas, como del mundo de los ascetas y brahmanes con sus príncipes y su gente, habiendo conocido todo esto mediante su propio entendimiento. El Dhamma que enseña es agradable en el comienzo, agradable en la mitad y agradable al final. Enseña tanto su espíritu como la letra, exhibiéndolo perfecta y plenamente y viviendo una vida santa, rigurosa y pura. Es realmente bueno poder ver al semejantes arahants”.

En aquel tiempo el brahmán Brahmayu tuvo un joven estudiante brahmán de nombre Uttara que era un maestro en los Tres Vedas con sus vocabularios, liturgia, fonología y gramática, plenamente versado en la filosofía natural y en las marcas del Gran Hombre. Entonces, dijo a su estudiante: “mi querido Uttara, el asceta Gotama que proviene del clan de los sakyas, está recorriendo el país de los videhans con el gran Sangha de los monjes, con unos quinientos monjes… Es realmente bueno poder ver al semejantes arahants. Ven, mi querido Uttara, ve junto al asceta Gotama y verifica si este informe que se había propagado acerca de él es verdadero o no, y si el maestro Gotama es alguien así o no. De esta manera sabremos acerca del maestro Gotama a través de ti.”

“Pero, ¿cómo voy a saber si el informe que se había propagado acerca del maestro Gotama es verdadero o no, y si el maestro Gotama es alguien así o no, señor?”

“Mi querido Uttara, en nuestros himnos se han dictado las treinta y dos marcas del Gran Hombre, el cual, cuando está dotado de ellas puede esperar solamente dos destinos. Si vive la vida hogareña llegará a ser un Monarca Universal, un recto rey que gobierna a través del Dhamma, conquistador de los cuatro puntos cardinales, que establece la seguridad de su reinado y posee los siete tesoros: el tesoro de la rueda, el tesoro del elefante, el tesoro del caballo, el tesoro de la joya, el tesoro de la mujer, el tesoro del hombre hogareño y, el séptimo, el tesoro del consejero. Tendrá más de mil hijos, todos ellos héroes, de la estatura heroica, conquistadores de hostiles ejércitos. Morará habiendo conquistado esta tierra rodeada por la mar, sin cayados ni espadas, sólo por medio de la ley. Pero si abandona la vida hogareña y escoge el estilo de vida sin hogar, entonces llegará a ser un Arahant, un plenamente iluminado, alguien que retira el velo del mundo. Pero yo, mi querido Uttara, soy el dador de los himnos y tú eres el receptor de ellos”.

“Sí, señor”, respondió y se levantó de su asiento, rindió homenaje al brahmán Brahmayu y partió de allí, cuidando que el brahmán Brahmayu quedara siempre a su lado derecho, para dirigirse al país de los videhans donde moraba el Bienaventurado. Viajando a través de los estados, llegó finalmente adonde estaba el Bienaventurado e intercambió con él cordiales saludos. Cuando esas amables y corteses palabras de bienvenida habían terminado, se sentó a un lado y miró el cuerpo del Bienaventurado averiguando si poseía las treinta y dos marcas del Gran Hombre. Y vio más o menos las treinta y dos marcas del Gran Hombre en el cuerpo del Bienaventurado excepto dos; ya que estaba dubitativo e inseguro sobre dos de las marcas, y no pudo decidirse en su mente acerca de ellas: sobre si el órgano reproductivo estaba encerrado en una vaina y sobre la longitud de la lengua.

Entonces, al Bienaventurado se le ocurrió esto: “este estudiante brahmán Uttara ve más o menos las treinta y dos marcas del Gran Hombre sobre mí excepto dos; ya que está dubitativo e inseguro sobre dos de las marcas, y no puede decidirse en su mente acerca de ellas: sobre si el órgano reproductivo está encerrado en una vaina y sobre la longitud de la lengua.”

Entonces, el Bienaventurado hizo una hazaña con sus poderes sobrenaturales tal, que el estudiante brahmán Uttara vio que el órgano reproductivo del Bienaventurado estaba encerrado en una vaina. Acto seguido, el Bienaventurado sacó la lengua y repetidamente tocó con ella a ambos agujeros de las orejas y las ventanas de la nariz, y cubrió la frente entera con su lengua.

Entonces, el estudiante brahmán Uttara pensó: “el asceta Gotama posee las treinta y dos marcas del Gran Hombre. ¿Qué tal si le sigo al asceta Gotama y observo su comportamiento?”

Acto seguido empezó a seguirlo al Bienaventurado por el espacio de siete meses como una sombra, no dejándolo nunca. Y al finalizar el séptimo mes en el país de los videhans se fe de viaje a Mithila, donde estaba el brahmán Brahmayu. Cuando llegó, le rindió homenaje y se sentó a un lado. Entonces, el brahmán Brahmayu le preguntó: “bien, mi querido Uttara, ¿es el informe que se había propagado acerca del maestro Gotama verdadero o no? ¿Es el maestro Gotama alguien así o no?”

“El informe que se había propagado acerca del maestro Gotama es verdadero o no es de otra manera; y el maestro Gotama es alguien así o no es de otra manera. Él posee las treinta y dos marcas del Gran Hombre:

  • “(i) El maestro Gotama tiene los pies firmemente establecidos , lo que es una marca del Gran Hombre.
  • “(ii) En las plantas de sus pies hay discos con mil radios, en cada uno de los cuales está ligeramente señalado su centro neurálgico, lo que es una marca del Gran Hombre.
  • “(iii) Él proyecta los talones…
  • “(iv) Tiene largos dedos de las manos y de los pies …
  • “(v) Sus pies y manos son suaves y tiernos…
  • “(vi) Sus pies y manos con como una red …
  • “(vii) Tiene los tobillos elevados …
  • “(viii) Sus piernas son como las de un antílope…
  • “(ix) Estando de pie y sin flexionarse, puede tocar y frotar sus rodillas con ambas manos…
  • “(x) Su órgano reproductivo está encerrado en una vaina…
  • “(xi) Su cutis es brillante de color dorado…
  • “(xii) Su piel es tan delicada y lisa que nada de polvo puede adherirse a su cuerpo…
  • “(xiii) El pelo de su cuerpo está separado uno en cada poro…
  • “(xiv) Sus cabellos en la cabeza crecen hacia arriba, cada uno de los cuales es negro azulado como el colirio , rizado en anillos hacia la derecha…
  • “(xv) Su cuerpo es divinamente erecto …
  • “(xvi) Tiene siete superficies convexas …
  • “(xvii) La parte frontal de su cuerpo es como la de un león…
  • “(xviii) No existen huecos entre sus hombros…
  • “(xix) Sus proporciones son como las de una higuera: la altura de su cuerpo es la misma que la extensión de sus brazos y viceversa…
  • “(xx) Su busto es uniformemente redondeado…
  • “(xxi) Tiene un perfecto sentido de sabor …
  • “(xxii) Tiene la mandíbula como un león…
  • “(xxiii) Tiene cuarenta dientes…
  • “(xxiv) Sus dientes son nivelados…
  • “(xxv) No existen espacios entre sus dientes…
  • “(xxvi) Su diente canino es muy brilloso…
  • “(xxvii) Su lengua es muy larga…
  • “(xxviii) Tiene la voz como la del Brama…
  • “(xxix) Sus ojos son de color azul oscuro…
  • “(xxx) Sus pestañas son como las de una vaca…
  • “(xxxi) El pelo entre sus cejas es blanco y suave como algodón…
  • “(xxxii) Su cabeza es como un turbante real , y el muchacho tiene su cabeza como un turbante real, lo que es una marca del Gran Hombre .

“El maestro Gotama posee estas treinta y dos marcas del Gran Hombre.

“Cuando camina, da un paso con el pie derecho primero. No extiende su pie demasiado lejos ni demasiado cerca. No camina demasiado rápido ni demasiado lento. Camina sin que sus rodillas se toquen. Camina sin que sus tobillos se toquen. Camina sin levantar ni bajar sus muslos, sin ponerlos juntos ni manteniéndolos unidos. Mientras camina, solamente la parte baja de su cuerpo oscila y camina sin el esfuerzo corporal alguno. Cuando da la vuelta para mirar lo hace con su cuerpo entero. No mira hacia arriba ni mira hacia abajo. No camina mirando alrededor. Coloca la mirada a la distancia de un yugo o arado delante de él; más allá de esto, posee el conocimiento y la visión sin obstáculo alguno.

“Cuando entra en la casa no eleva ni baja a su cuerpo, no lo inclina hacia adelante ni hacia atrás. Da vuelta no demasiado lejos de donde está sentado ni demasiado cerca. No se apoya sobre el asiento con su mano. No echa su cuerpo sobre el asiento.

“Cuando está sentado dentro de la casa no agita las manos nerviosamente. Tampoco agita los pies. No se sienta con las rodillas cruzadas. Tampoco se sienta cruzando los tobillos. No se sienta apoyando su barbilla en sus manos. Cuando está sentado dentro de la casa no está atemorizado, no se estremece ni tiembla, no está nervioso. No estando atemorizado, estremecido, tembloroso ni nervioso, sus cabellos no se paran ni intenta retirarse.

“Cuando recibe el agua en su cuenco, no lo inclina hacia abajo ni lo levanta, no lo inclina hacia atrás ni adelante. No recibe ni demasiada agua en su cuenco ni demasiado poca. Lava su cuenco sin hacer salpicaduras ni ruido. Lava su cuenco sin dar vueltas alrededor. No pone su cuenco en el suelo para lavar las manos: cuando se lava las manos, lava el cuenco y cuando lava el cuenco, lava las manos. No derrama el agua del tazón demasiado cerca, tampoco demasiado lejos, no la derrama alrededor.

“Cuando recibe el arroz en su cuenco, no lo inclina hacia abajo ni lo levanta, no lo inclina hacia atrás ni adelante. No recibe ni demasiado arroz en su cuenco ni demasiado poco. Agrega las salsas en su justa proporción; no se excede con el tamaño justo de la salsa para cada bocado. Mastica dos o tres veces cada bocado en su boca y después lo traga, no dejando que ningún grano de arroz entre en su cuerpo sin estar masticado, ni que ningún grano de arroz quede en su boca: sólo entonces, toma el otro bocado. Toma la comida experimentando su sabor, pero sin experimentar la avidez por el sabor. Cuando toma la comida tiene en cuenta esos ocho factores: que no sea para embellecer ni para emborracharse, tampoco con el fin de ponerse más bello o más atractivo, sino solamente para que este cuerpo aguante y continúe, para poner fin a esa disconformidad y continuar con la vida santa; él considera lo siguiente: ‘de esta manera, voy a terminar con la vieja sensación [del hambre] sin que una nueva sensación aparezca, y viviré saludable, irreprochable y tendré una morada confortable’.

“Una vez que haya comido y haya recibido el agua en su tazón, no lo inclina hacia abajo ni lo levanta, no lo inclina hacia atrás ni adelante. No recibe ni demasiada agua en su cuenco ni demasiado poca. Lava su cuenco sin hacer salpicaduras ni ruido. Lava su cuenco sin dar vueltas alrededor. No pone su cuenco en el suelo para lavar las manos: cuando se lava las manos, lava el cuenco y cuando lava el cuenco, lava las manos. No derrama el agua del tazón demasiado cerca, tampoco demasiado lejos, no la derrama alrededor.

“Una vez que haya comido pone su tazón en el suelo, no demasiado cerca ni demasiado lejos, no siendo despreocupado por el tazón ni tampoco demasiado solícito por él.

“Una vez que haya comido se sienta un momento en silencio, pero no deja [mucho] tiempo para ofrecer la acción de gracias . Y cuando haya comido y ofrecido la acción de gracias no lo hace criticando ni esperando otra, sino que instruye, insta, anima y regocija la audiencia con la charla exclusivamente sobre el Dhamma. Una vez lo haya hecho, se levanta de su asiento y sale de allí.

“Cuando camina, no va demasiado rápido ni demasiado despacio, tampoco camina como alguien que quisiera escaparse.

“Su hábito, no lo tiene puesto ni demasiado alto ni demasiado bajo en el cuerpo, no demasiado estirado sobre el cuerpo ni tampoco demasiado suelto, no dejando que el viento vuele el hábito de su cuerpo. Ni el polvo ni la mugre ensucian a su cuerpo.

“Cuando va al monasterio se sienta en el asiento preparado para él. Al sentarse, lava los pies, aunque esté preocupado por el aseo. Al lavarse los pies se sienta con las piernas cruzados, y con su cuerpo recto, estableciendo la atención consciente enfrente de él. No ocupa su mente con las auto-aflicciones, con las aflicciones de otros ni con ambas cosas: las auto-aflicciones y las aflicciones de otros. Se sienta ocupando su mente en su propio bienestar, el bienestar de otros y en ambas cosas: en su propio bienestar y en el bienestar de otros, incluso, en el bienestar de todo el mundo.

“Cuando va al monasterio enseña a la audiencia el Dhamma. Sin lisonjear ni regañar a la audiencia, la instruye, insta, anima y alienta con la charla exclusivamente sobre el Dhamma. La predicación que sale de su boca tiene ocho cualidades: es distinguida, inteligible, melódica, audible, resonante, eufónica, profunda y sonora. Pero, mientras que su voz es inteligible hasta donde se extiende la audiencia, su predicación no se extiende más allá de la audiencia. Una vez que la gente haya sido instruida, instada, animada y regocijada por él, se levanta de su asiente y sale de allí, mirando sólo a él, sin fijarse en nadie más.

“Nosotros hemos visto al maestro Gotama caminar, señor, lo hemos visto estar de pie, lo hemos visto entrar a las casas, lo hemos visto sentarse adentro en silencio, lo hemos visto comer adentro, lo hemos visto estar sentado en silencio después de comer, lo hemos visto ofrecer la acción de gracias después de comer, lo hemos visto entrar al monasterio, lo hemos visto sentarse en silencio en el monasterio, lo hemos visto enseñar el Dhamma a la audiencia en el monasterio. Así es el maestro Gotama, es así y mucho más que esto”.

“Cuando se dijo esto, el brahmán Brahmayu se levantó de su asiento, arregló su hábito sobre uno de sus hombros y extendió sus manos en un reverencial saludo hacia el Bienaventurado, pronunciando tres veces esta exclamación: “¡Honra al Bienaventurado, realizado y plenamente iluminado! ¡Honra al Bienaventurado, realizado y plenamente iluminado! ¡Honra al Bienaventurado, realizado y plenamente iluminado! Ojalá en una u otra ocasión podamos encontrar al maestro Gotama. Ojalá podamos conversar con él.”

En esta ocasión, en el transcurso de su recorrida el Bienaventurado finalmente llegó a Mithila. Estando allí, el Bienaventurado estableció su morada en la arboleda de los mangos de Makhadeva. Entonces, los brahmanes hombres hogareños de Mithila escucharon eso: “El asceta Gotama que proviene del clan de los sakyas, está recorriendo el país de los videhans con el gran Sangha de los monjes, con unos quinientos monjes. En lo concerniente al maestro Gotama, se ha propagado el siguiente, muy buen informe: ‘[igual que el verso 3]… Es realmente bueno poder ver al semejantes arahants”.

Entonces, los brahmanes hombres hogareños de Mithila se fueron junto al Bienaventurado. Algunos rindieron homenaje al Bienaventurado y se sentaron a un lado; otros intercambiaron con él cordiales saludos y cuando estas amables y corteses palabras de bienvenida habían terminado, se sentaron a un lado; otros extendieron sus manos hacia él en un reverencial saludo y se sentaron a un lado; otros pronunciaron el nombre de sus clanes en presencia del Bienaventurado y se sentaron a un lado; mientras otros, permaneciendo en silencio, se sentaron a un lado.

Y el brahmán Brahmayu también escuchó eso: “el asceta Gotama, el hijo de los sakyas que salió del clan de los sakyas ha llegado a Mithila y está morando en la arboleda de los mangos de Makhadeva.”

Entonces, el brahmán Brahmayu fue a la arboleda de los mangos de Makhadeva con un número de brahmanes estudiantes. Pero al llegar a la arboleda de los mangos de Makhadeva, pensó lo siguiente: “no es apropiado visitar al asceta Gotama sin haberse anunciado primeramente.” Por eso se dirigió a uno de los brahmanes estudiantes con esas palabras: “ven, brahmán estudiante, ve junto al asceta Gotama y pregunta de mi parte al asceta Gotama si está libre de enfermedad y aflicción, si se encuentra saludable, fuerte y si mora confortablemente de esta manera: ‘maestro Gotama, el brahmán Brahmayu pregunta al maestro Gotama si ¿está libre de enfermedad y aflicción, si se encuentra saludable, fuerte y si mora confortablemente?’ Luego, dile: ‘el brahmán Brahmayu, maestro Gotama, es un hombre anciano, cargado de años, avanzado en el espacio vital, llegando a la última etapa de su vida; tiene ciento veinte años. Es el maestro en los Tres Vedas con sus vocabularios, liturgia, fonología y gramática, plenamente versado en la filosofía natural y en las marcas del Gran Hombre. Entre todos los brahmanes hombres hogareños que viven en Mithila, se dice del brahmán Brahmayu es el primero en cuanto a las riquezas, los conocimientos de los himnos, la edad y la fama. Él desea ver al maestro Gotama’”.

“Sí, señor”, respondió en brahmán estudiante y fue junto al Bienaventurado e intercambió con él cordiales saludos. Y cuando esas amables y corteses palabras de bienvenida habían terminado, estando a un lado, entregó el mensaje. [Y el Bienaventurado dijo:]

“Estudiante, que el brahmán Brahmayu venga de acuerdo a su conveniencia”.

Entonces, el brahmán estudiante se fue junto al brahmán Brahmayu y le dijo: “el permiso ha sido otorgado por parte del asceta Gotama. Usted puede visitarlo de acuerdo a su conveniencia”.

De modo que el brahmán Brahmayu se fue junto al Bienaventurado. Y la asamblea lo vio llegar desde cierta distancia y le abrió el camino como a una persona famosa y muy conocida. Pero el brahmán Brahmayu dijo a la asamblea: “suficiente señores, que cada uno se siente an su asiento. Yo me sentaré aquí después del asceta Gotama.”

Acto seguido se acercó al Bienaventurado e intercambió con él cordiales saludos. Y cuando estas amables y corteses palabras de bienvenida habían terminado, se sentó a un lado y miró el cuerpo del Bienaventurado averiguando si poseía las treinta y dos marcas del Gran Hombre. Y vio más o menos las treinta y dos marcas del Gran Hombre en el cuerpo del Bienaventurado excepto dos; ya que estaba dubitativo e inseguro sobre dos de las marcas, y no pudo decidirse en su mente acerca de ellas: sobre si el órgano reproductivo estaba encerrado en una vaina y sobre la longitud de la lengua.

Entonces, el brahmán Brahmayu se dirigió al Bienaventurado en verso:

He aprendido que las treinta y dos marcas
Son signos del Gran Hombre;
Todavía no he visto a dos de ellas
Sobre tu cuerpo, oh Gotama.
¿Es aquello que debe ser escondido por la ropa
Encerrado en una vaina, oh el más grande los hombres?
Aunque llamado con el género femenino,
Quizá tu lengua sea varonil:
Quizá tu lengua sea larga también
De acuerdo a lo que aprendimos.
Por favor, ponla afuera un poco
Para que me cure de la duda
Por el bienestar aquí y ahora
Y por la felicidad en la vida venidera.
Y ahora anhelamos pedir permiso para preguntar
Por algo que aspiramos saber.

Entonces, al Bienaventurado se le ocurrió esto: “este brahmán Brahmayu ve más o menos las treinta y dos marcas del Gran Hombre sobre mí excepto dos; ya que está dubitativo e inseguro sobre dos de las marcas, y no puede decidirse en su mente acerca de ellas: sobre si el órgano reproductivo está encerrado en una vaina y sobre la longitud de la lengua.”

Entonces, el Bienaventurado hizo una hazaña con sus poderes sobrenaturales tal, que el brahmán Brahmayu vio que el órgano reproductivo del Bienaventurado estaba encerrado en una vaina. Acto seguido, el Bienaventurado sacó la lengua y repetidamente tocó con ella a ambos agujeros de las orejas y las ventanas de la nariz, y cubrió la frente entera con su lengua.

Acto seguido el Bienaventurado pronunció estos versos en respuesta a lo que dijo brahmán Brahmayu:

Las treinta y dos marcas que aprendiste
Que son signos del Gran Hombre,
Todas pueden ser halladas en mi cuerpo:
Así que, brahmán, no dudes más en eso.
Lo que tiene que ser conocido es conocido directamente,
Lo que tiene que ser desarrollado ha sido desarrollado,
Lo que tiene que ser abandonado ha sido abandonado,
Por eso, brahmán, yo soy el Buda.
Por el bienestar aquí y ahora
Y por la felicidad en la vida venidera.
Y ahora que tienes el permiso, pregunta por favor,
Por lo que aspiras saber.

Entonces, el brahmán Brahmayu pensó lo siguiente: “el asceta Gotamo me dio el permiso. ¿Acerca de qué debería preguntarlo: sobre el bien en esta vida o sobre el bien de la vida venidera?” Y luego pensó: “soy hábil en el bien en esta vida y los demás también me preguntan a mí sobre el bien en esta vida; ¿por qué no le pregunto solamente sobre el bien en la vida venidera?” Acto seguido se dirigió al Bienaventurado en verso:

¿Cómo uno llega a ser un brahmán,
Y cómo uno alcanza el conocimiento?
¿Cómo uno tiene el triple conocimiento,
Y cómo uno es llamado el santo erudito?
¿Cómo uno llega a ser un arahant,
Y cómo uno alcanza lo complementario?
¿Cómo uno se concierte en sabio silencioso,
Y cómo uno llega a llamarse Buda?

Entonces, el Bienaventurado pronunció esos versos como respuesta:

Quien conoce acerca de las vidas pasadas,
Ve los infiernos y los estados de privación,
Que ha alcanzado la destrucción del nacimiento,
El sabio que conoce a través del conocimiento directo,
Que sabe que se mente es purificada,
Enteramente libre de toda codicia,
Quien ha abandonado el nacimiento y la muerte,
Quien completó la vida santa
Y trascendió todas las cosas,
Alguien semejante a él es llamado Buda.

Cuando se dijo esto, el brahmán Brahmayu se levantó de su asiento y, habiéndose arreglado su hábito sobre uno de sus hombros, se postró con su cabeza hacia los pies del Bienaventurado y los cubrió de besos y los acarició con sus manos, pronunciando su nombre: “soy el brahmán Brahmayu, maestro Gotama; soy el brahmán Brahmayu, maestro Gotama”.

Y aquellos de la asamblea fueron maravillados y estupefactos, y dijeron: “esto es maravilloso, estos es magnífico, qué gran poder y qué gran magnificencia posee el asceta Gotama para que este tan bien conocido y tan famoso brahmán haga semejante expresión de humildad”.

Entonces, el Bienaventurado dijo al brahmán Brahmayu: “suficiente, brahmán, levántate; siéntate en tu propio asiento ya que tu mente tiene fe en mí”.

Entonces, el brahmán Brahmayu se levantó y se sentó en su propio asiento

Acto seguido, el Bienaventurado le ofreció las instrucciones progresivas, es decir, la enseñanza sobre el dar, la enseñanza sobre la moral, la enseñanza sobre el cielo; le explicó el peligro, la vanidad y la depravación de los placeres sensuales y las ventajas relacionadas con el renunciamiento a ellos. Y cuando el Bienaventurado supo que la mente del brahmán Brahmayu estaba lista, maleable y libre de obstáculos, elevada y jubilosa, entonces le explicó la enseñanza del Dhamma que los Iluminados han descubierto por sí mismos: el sufrimiento, su origen, su cese y su sendero. Y así como una tela limpia y sin motas negras se tiñe fácilmente de color, así también en esta misma sentada, la visión del Dhamma, sin polvo y sin manchas, surgió en el brahmán Brahmayu de esta manera: “todo lo que surge, está destinado al cese”. Entonces, el brahmán Brahmayu visualizó el Dhamma, alcanzó el Dhamma, entendió el Dhamma y sondeó el Dhamma. Cruzó más allá de la duda, dejó atrás la perplejidad, ganó la intrepidez y llegó a ser independiente de los demás en esta Dispensación del Maestro.

Entonces, dijo al Bienaventurado: “¡Magnífico maestro Gotama! ¡Maravilloso maestro Gotama! El Dhamma ha sido esclarecido de muchas formas por el maestro Gotama; es como si se enderezara lo que estaba torcido, como si se revelara lo que estaba oculto, como si se mostrara el camino a quien estaba perdido, como si se sostuviera una lámpara en la oscuridad para que los de buena vista pudieran ver. Maestro Gotama, voy por refugio al Bienaventurado, al Dhamma y al Sangha de los monjes. De hoy en adelante, que el maestro Gotama me recuerde como el discípulo laico que han ido por refugio de por vida. Que el maestro Gotama consienta en aceptar una comida mañana de mi parte, junto con el Sangha de los monjes.”

Y el Bienaventurado consintió en silencio. Entonces, sabiendo que el Bienaventurado haya consentido, el brahmán Brahmayu se levantó de su asiento y, habiendo rendido homenaje al Bienaventurado, se retiró de allí, cuidando que el Bienaventurado quedara siempre a su mano derecha.

Entonces, pasada la noche el brahmán Brahmaya había preparado diferentes clases de buena comida en su residencia, y cuando llegó la hora anunció al Bienaventurado: “es la hora, maestro Gotama, la comida está servida”.

Entonces, por la mañana temprano, el Bienaventurado se vistió y, tomando su cuenco y el hábito exterior, fue a la residencia del brahmán Brahmayu junto con el Sangha de los monjes donde se sentó en el asiento preparado para él. Entonces, durante una semana, el brahmán Brahmayu, con sus propias manos, sirvió y satisfizo al Sangha de los monjes encabezada por el Bienaventurado con varias clases de buena comida.

Al terminar la semana el Bienaventurado volvió a recorrer el país de los videhans. No mucho después de que se haya ido el brahmán Brahmayu murió. Entonces, un número de monjes se fue junto al Bienaventurado y, después de haberle rendido homenaje, se sentó a un lado y dijo: “Venerable señor, el brahmán Brahmayu falleció. ¿Cuál es su destino? ¿Cuál es su futuro curso [de la existencia]?”

“Monjes, el brahmán Brahmayu era sabio. Él entró en el camino del Dhamma y no tuvo inconvenientes con la interpretación del Dhamma. Con la destrucción de los cinco grilletes menores ha reaparecido espontáneamente [en las Moradas Puras] donde alcanzará el Nibbana final sin tener que retornar nunca más a este mundo”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y los monjes fueron satisfechos y se deleitaron en las palabras del Bienaventurado.