Majjhima Nikaya 92

Sela Sutta

Discurso con Sela

Esto he escuchado: En una ocasión, el Bienaventurado estaba recorriendo el país de los anguttarapans junto con el gran Sangha de los monjes, con mil doscientos cincuenta monjes, para llegar finalmente a una de las ciudades de los anguttarapans de nombre Apana.

Al mismo tiempo, el asceta de pelo enmarañado de nombre Keniya escuchó esto: “El asceta Gotama que proviene del clan de los sakyas, está recorriendo el país de los anguttarapans con el gran Sangha de los monjes, con mil doscientos cincuenta monjes. En lo concerniente al maestro Gotama, se ha propagado el siguiente, muy buen informe: ‘Este Bienaventurado Señor es un Arahant, un Buda plenamente iluminado, perfecto en conocimiento y conducta, el sublime, el conocedor de los mundos, inigualado líder de los que han de ser amansados, el maestro de los dioses y los seres humanos, el iluminado, el bendito’. Él revela las cosas tanto del mundo de los dioses, Maras y Brahmas, como del mundo de los ascetas y brahmanes con sus príncipes y su gente, habiendo conocido todo esto mediante su propio entendimiento. El Dhamma que enseña es agradable en el comienzo, agradable en la mitad y agradable al final. Enseña tanto su espíritu como la letra, exhibiéndolo perfecta y plenamente y viviendo una vida santa, rigurosa y pura. Es realmente bueno poder ver al semejantes arahants”.

Entonces, el asceta de pelo enmarañado Keniya se fue junto al Bienaventurado e intercambió con él cordiales saludos. Cuando esas amables y corteses palabras de bienvenida habían terminado, se sentó a un lado y el Bienaventurado lo instruyó, instó y lo regocijó con una charla del Dhamma. Acto seguido, habiendo sido instruido, instado y regocijado con la charla del Dhamma por el Bienaventurado, el asceta de pelo enmarañado Keniya dijo al Bienaventurado: “Que el maestro Gotama consienta en aceptar una comida de mi parte mañana con el Sangha de los monjes”.

Cuando eso se dijo el Bienaventurado respondió: “el Sangha de los monjes es grande Keniya, consiste en mil doscientos cincuenta monjes y tú pones toda la confianza en los brahmanes”.

Y por segunda vez el asceta de pelo enmarañado Keniya dijo al Bienaventurado: “aunque el Sangha de los monjes es grande y consiste en mil doscientos cincuenta monjes y yo pongo toda mi confianza en los brahmanes, igualmente pido que el maestro Gotama consienta en aceptar una comida de mi parte mañana con el Sangha de los monjes”.

Y por segunda vez el Bienaventurado respondió: “el Sangha de los monjes es grande…”.

Y por tercera vez el asceta de pelo enmarañado Keniya dijo al Bienaventurado: “aunque el Sangha de los monjes es grande… que el maestro Gotama consienta en aceptar una comida de mi parte mañana con el Sangha de los monjes”. Entonces, el Bienaventurado consintió en silencio.

Acto seguido, entendiendo que el Bienaventurado haya consentido en silencio, el asceta de pelo enmarañado Keniya se levantó de su asiento y se fue a su propia ermita donde se dirigió a sus compañeros, sus parientes cercanos y lejanos de esta manera: “escuchadme, compañeros, parientes cercanos y lejanos. El asceta Gotama ha sido invitado mañana por mí a comer junto con el Sangha de los monjes. Hagamos las compras y las preparaciones necesarias”.

“Sí, señor”, respondieron, y algunos excavaron los hornos, otros picaron la madera, otros lavaron los platos, otros pusieron afuera las jarras con agua, otros prepararon los asientos, mientras que el asceta de pelo enmarañado Keniya por sí mismo preparó el pabellón.

En esa ocasión, el brahmán Sela estaba en Apana. Él era un maestro en los Tres Vedas con sus vocabularios, liturgia, fonología y gramática, plenamente versado en la filosofía natural y en las marcas del Gran Hombre y estaba enseñando la recitación de los himnos a unos trescientos brahmanes estudiantes.

En esa época el asceta de pelo enmarañado Keniya ponía su plena confianza en el brahmán Sela. Entonces, el brahmán Sela, mientras hacía la caminata por ejercicio atendido por los trescientos brahmanes estudiantes, se fue a la ermita del asceta de pelo enmarañado Keniya. Al llegar allí vio a algunos hombres excavando los hornos, a otros picando la madera, a otros lavando los platos, a otros poniendo afuera las jarras con agua, a otros preparando los asientos, y el asceta de pelo enmarañado Keniya preparando el pabellón por sí mismo.

Al ver eso, preguntó al asceta de pelo enmarañado Keniya: “va a celebrar un casamiento, maestro Keniya o va entregar un matrimonio? O quizá, ¿habrá un gran sacrificio aquí? O ¿será que el rey Seniya Bimbisara de Magadha ha sido invitado con su gran séquito para comer mañana?”

“No voy a celebrar ni voy a entregar un matrimonio, maestro Sela. Tampoco el rey Seniya Bimbisara de Magadha ha sido invitado con su gran séquito para comer mañana. Pero sí, estoy planificando un gran sacrificio. El asceta Gotama que proviene del clan de los sakyas, está recorriendo el país de los anguttarapans con el gran Sangha de los monjes, con mil doscientos cincuenta monjes. En lo concerniente al maestro Gotama, se ha propagado el siguiente, muy buen informe: ‘Este Bienaventurado Señor es un Arahant, un Buda plenamente iluminado, perfecto en conocimiento y conducta, el sublime, el conocedor de los mundos, inigualado líder de los que han de ser amansados, el maestro de los dioses y los seres humanos, el iluminado [buda], el bendito’. Él ha sido invitado por mí mañana a comer junto con el Sangha de los monjes.”

“¿Has dicho ‘buda’, Keniya?”

“He dicho ‘buda’, Sela”.

“¿Has dicho ‘buda’, Keniya?”

“He dicho ‘buda’, Sela”.

Cuando se dijo esto, el brahmán Sela tuvo el siguiente pensamiento: “hasta el mismo sonido ‘buda’ es difícilmente comprensible en este mundo. He aquí las treinta y dos marcas del Gran Hombre han sido entregadas en nuestros himnos, y el Gran Hombre que las posee solamente tiene dos posibles destinos, y ningún otro. Si él vive la vida hogareña llega a ser un Monarca Universal, un rey recto que gobierna por medio del Dhamma, maestro de los cuatro puntos cardinales, todo victorioso, que establece su reino y posee los siete tesoros: el tesoro de la rueda, el tesoro del elefante, el tesoro del caballo, el tesoro de la joya, el tesoro de la mujer, el tesoro del mayordomo, el tesoro del consejero como el séptimo. Sus hijos, que se exceden a miles, son heroicos y llenos de bravura, y derrotan los ejércitos ajenos. Y él gobierna sobre esta tierra hasta la mar sin vara, sin armas, solamente a través del Dhamma. Pero si él renuncia a la vida hogareña y asume el estilo de vida sin hogar, llega ser un Realizado, Plenamente Iluminado, que descorre el velo del mundo.”

[Entonces dijo:] “Mi buen Keniya, ¿dónde está morando ahora el Realizado, Plenamente Iluminado, maestro Gotama?”

Cuando se dijo esto, el asceta de pelo enmarañado Keniya extendió su mano derecha y dijo: “allí, donde se visualiza le verde línea de la arboleda, maestro Sela”.

Entonces, el brahmán Sela se dirigió hacia donde estaba el Bienaventurado juntos con sus trescientos brahmanes estudiantes, a los cuales se dirigió con estas palabras: “Venid quietamente, señores, pisad con cuidado; es difícil acercarse a los Bienaventurados: ellos caminan en soledad como los leones. Cuando voy a hablar con el asceta Gotama no conversad ni interrumpid. Sólo esperad hasta que nuestra conversación termine”.

Acto seguido, el brahmán Sela se fue junto al Bienaventurado e intercambió con él cordiales saludos. Cuando esas amables y corteses palabras de bienvenida habían terminado, se sentó a un lado y miró el cuerpo del Bienaventurado averiguando si poseía las treinta y dos marcas del Gran Hombre. Y vio más o menos las treinta y dos marcas del Gran Hombre en el cuerpo del Bienaventurado excepto dos; ya que estaba dubitativo e inseguro sobre dos de las marcas, y no pudo decidirse en su mente acerca de ellas: sobre si el órgano reproductivo estaba encerrado en una vaina y sobre la longitud de la lengua.

Entonces, al Bienaventurado se le ocurrió esto: “este brahmán Sela ve más o menos las treinta y dos marcas del Gran Hombre sobre mí excepto dos; ya que está dubitativo e inseguro sobre dos de las marcas, y no puede decidirse en su mente acerca de ellas: sobre si el órgano reproductivo está encerrado en una vaina y sobre la longitud de la lengua.”

Entonces, el Bienaventurado hizo una hazaña con sus poderes sobrenaturales tal, que brahmán Sela vio que el órgano reproductivo del Bienaventurado estaba encerrado en una vaina. Acto seguido, el Bienaventurado sacó la lengua y repetidamente tocó con ella a ambos agujeros de las orejas y las ventanas de la nariz, y cubrió la frente entera con su lengua.

Entonces, el brahmán Sela pensó: “el asceta Gotama posee las treinta y dos marcas del Gran Hombre; las tiene completas, no incompletas. Pero aún así no sé si él es un buda o no. Sin embargo, había escuchado decir a nuestros ancianos brahmanes, a aquellos que hablan de acuerdo al linaje de los maestros, que los que son Realizados y Plenamente Iluminados lo revelan ellos mismos cuando se pronuncian sus alabanzas. ¿Qué tal si ensalzo al asceta Gotama en su propia presencia con versos adecuados?”

Entonces, él ensalzó al Bienaventurado en su propia presencia con versos adecuados:

[Sela:]
Oh perfecto en cuerpo, bien favorecido,
Bien articulado y agradable para la vista;
Oh Bienaventurado, dorado es tu color,
Y blancos tus dientes; eres fuerte.
Los rasgos que distinguen al hombre bien nacido
Se ven cada uno y todos;
Aquellas marcas que revelan al Gran Hombre
Pueden ser halladas todas en tu cuerpo.
Con ojos claros, con el rostro brillante,
Majestuoso, recto como una llama,
En el medio de este cuerpo del asceta
Alumbras como el sol radiante.
Con la piel del brillo dorado,
Con la belleza tan extraña [de ver], ¿puedes tú
Estar contento con la vida ascética?
Para ti sería apropiado ser un rey, un señor de las carrozas,
Un Monarca Universal,
El victorioso de los cuatro puntos cardinales,
El señor de la Arboleda de los árboles Jambu.
Con los guerreros y grandes príncipes,
Todos ellos dedicados a servirte,
Oh Gotama, deberías reinar
Como el monarca de los seres humanos, el rey de todos los reyes.

[Buda:]
Ya soy un rey, oh Sela,
Soy el supremo rey del Dhamma,
He puesto en movimiento la Rueda del Dhamma,
La rueda que no puede parar”.
[Sela:]
Tú reclamas ser plenamente iluminado,
Me dijiste, oh Gotama:
“Soy el supremo rey del Dhamma,
He puesto en movimiento la Rueda del Dhamma.”
¿Quién es tu general, aquel discípulo
Que sigue el camino propio del Maestro?
¿Quién es aquel que te ayuda a ti
Poner en movimiento la rueda?

[Buda:]
La rueda se pone en el movimiento por mí,
Aquella misma suprema rueda del Dhamma,
Sariputta, el hijo del Tathagata
Me ayuda a poner en el movimiento esa rueda.
Lo que tiene que ser conocido, es conocido directamente,
Lo que tiene que ser desarrollado, ha sido desarrollado,
Lo que tiene que ser abandonado, ha sido abandonado,
Por eso, brahmán, yo soy el Buda.
Así que haz cesar tus dudas acerca de mí,
Y pon una resolución firme en su lugar,
Por eso es siempre difícil ganar
La visión de un Iluminado.
Soy uno, cuya presencia en el mundo
Es extremadamente inaudita,
Soy Plenamente Iluminado,
Yo, oh brahmán, soy el médico supremo.
Soy santo sin compasiones,
Soy alguien que ha destruido todas las hordas del Mara;
Habiendo derrotado a todos mis enemigos,
Me regocijo libre de miedo.

[Sela:]
“Oh señores, escuchad esto, escuchad lo que dijo,
El hombre de la visión, el médico,
El poderoso héroe que rugió
Como un león en la jungla.
¿Quién, aunque fuera paria de nacimiento,
No le creería al vidente,
Que es un santo sin compasiones,
Alguien que haya destruido todas las hordas del Mara?
Ahora, que lo siga quien así lo desea,
Que se aparte quien no quiere,
Por mí, yo lo seguiré,
Este hombre es de sublime sabiduría.

[Los estudiantes:]
Oh señor, si tú mismo apruebas
Esta enseñanza del Iluminado,
Nosotros también le seguiremos
A este hombre que es de sublime sabiduría.

[Sela:] He aquí, hay trescientos brahmanes en este lugar,
Que imploran con manos alzadas:
Oh, que podamos vivir la vida santa
Bajo ti, oh Bienaventurado”.

[Buda:]
La vida santa está bien proclamada, oh Sela,
Para ser vista aquí y no más allá,
Alguien que entrena diligentemente
Hallará frutos del renunciamiento.

Entonces, el brahmán Sela y su asamblea recibieron el renunciamiento bajo el Bienaventurado y recibieron la plena ordenación.

Y cuando pasó la noche, el asceta de pelo enmarañado Keniya preparó varias clases de buena comida con sus propias manos y cuando llegó la hora anunció al Bienaventurado: “es la hora, maestro Gotama, la comida está servida”.

Entonces, por la mañana temprano, el Bienaventurado se vistió y, tomando su cuenco y el hábito exterior, fue a la ermita del asceta con pelo enmarañado Keniya junto con el Sangha de los monjes donde se sentó en el asiento preparado para él. Entonces, asceta con pelo enmarañado Keniya con sus propias manos, sirvió y satisfizo al Sangha de los monjes encabezada por el Bienaventurado con varias clases de buena comida. Cuando el Bienaventurado haya comido y haya puesto su cuenco atrás, el asceta con pelo enmarañado Keniya tomó un asiento más bajo y se sentó a un lado. Acto seguido, el Bienaventurado hizo la acción de gracias con esos versos:

La ofrenda consumada es la gloria del fuego,
Savitri es la gloria de los himnos de los Vedas,
La gloria de los seres humanos es el rey,
Y la gloria de los ríos, el mar.
La luna es la gloria de las estrellas,
El sol, la gloria de todo lo que brilla,
El mérito es la gloria de todos los que aspiran
Y el Sangha, la gloria de los dadores.
Y cuando el Bienaventurado hizo la acción de gracias con esos versos, se levantó de allí y partió.

Entonces, no mucho después de su plena ordenación, viviendo en soledad, retirados, diligentes, vehementes y resueltos, el venerable Sela y su asamblea, al descubrirlo por ellos mismos con el conocimiento directo, aquí y ahora entraron y permanecieron en la meta suprema de la vida santa, por la cual los miembros de clan correctamente abandonan la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar. Y conocieron directamente esto: “el nacimiento ha sido destruido. La vida santa ha sido vivida. Lo que tenía que hacerse, ha sido realizado. Y he aquí no hay más futuros estados de existencia.” Y el venerable Sela junto con su asamblea llegaron a ser arahants.

Entonces, el venerable Sela con su asamblea fueron junto al Bienaventurado. Habiendo arreglado sus hábitos exteriores sobre uno de sus hombros, extendieron sus manos en un reverencial saludo hacia el Bienaventurado y se dirigieron a él con esos versos:

Ocho días habían pasado, oh Omnisciente,
Desde que fuimos a ti por refugio.
Durante estas siete noches, oh Bienaventurado,
Hemos sido amansados en tu enseñanza.
Tú eres el Buda, eres el Maestro,
Eres el sabio, el conquistador del Mara.
Habiendo cortado a todas las tendencias perjudiciales,
Has cruzado y has guiado la humanidad entera.
Has superado todas las adquisiciones,
Has extirpado todas las contaminaciones.
Eres el león libre del apego,
Has abandonado el miedo y el terror.
He aquí estás esos trescientos monjes
Con sus manos levantadas en adoración.
Oh héroe, extiende tus pies
Y que estos grandes seres alaben al Maestro.