Colección de discursos agrupados temáticamente

Paticcasamuppada Sutta

12.1. Discurso sobre el origen dependiente

Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda de Jeta, del parque de Anathapindika, cerca de Savatthi. Estando allí, el Bienaventurado se dirigió a los monjes así: “Monjes”. –“Sí, venerable señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Voy a enseñaros, monjes, acerca del origen dependiente. Escuchad y prestad atención que voy a hablar”. –“Sí, venerable señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado dijo:

“Y ¿qué es, monjes, el origen dependiente? Con la ignorancia como condición, las formaciones mentales [llegan a ser]. Con las formaciones mentales como condición, la conciencia [llega a ser]. Con la conciencia como condición, el nombre-y-forma[llega a ser]. Con el nombre-y-forma como condición, la séxtuple base de los sentidos[llega a ser]. Con la séxtuple base de los sentidos como condición, el contacto. Con el contacto como condición, la sensación. Con la sensación como condición, la avidez. Con la avidez como condición, el apego. Con el apego como condición, la existencia. Con la existencia como condición, el nacimiento. Con el nacimiento como condición, la vejez-y-muerte, el dolor, el lamento, la pena, la angustia y la desesperanza[llegan a ser]. Tal es el origen de todo este cúmulo de insatisfacción. Esto se llama, monjes, el origen dependiente.

“Pero, con la total desaparición y el cese de la ignorancia, llega el cese de las formaciones mentales. Con el cese de las formaciones mentales, llega el cese de la conciencia. Con el cese de la conciencia, llega el cese del nombre-y-forma. Con el cese del nombre-y-forma, llega el cese de la séxtuple base de los sentidos. Con el cese de la séxtuple base de los sentidos, llega el cese del contacto. Con el cese del contacto, llega el cese de la sensación. Con el cese de la sensación, llega el cese de la avidez. Con el cese de la avidez, llega el cese del apego. Con cese del apego, llega el cese de la existencia. Con el cese de la existencia, llega el cese del nacimiento. Con el cese del nacimiento, también cesan la vejez-y-muerte, el dolor, el lamento, la pena, la angustia y la desesperanza. Tal es el cese de todo este montón de insatisfacción”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado, y aquellos monjes se regocijaron y se deleitaron en las palabras del Bienaventurado.