Colección de discursos agrupados temáticamente

Dutiyadasabala Sutta

12.22. Segundo discurso con los diez poderes

En Savatthi. “Monjes, poseyendo los diez poderes y las cuatro bases de la autoconfianza, el Tathagata reclama el lugar del tauro principal del rebaño, rugiendo su rugido de león en medio de las asambleas y poniendo en movimiento la Rueda de Brahma de esta manera: ‘Tal es la forma… sigue igual que en el sutta anterior… Tal es el cese de todo ese montón de insatisfacción.

“Monjes, el Dhamma ha sido así bien expuesto por mí, dilucidado, desglosado, revelado, despojado de los parches. Y cuando, monjes, el Dhamma ha sido así bien expuesto por mí, dilucidado, desglosado, revelado, despojado de los parches, esto es suficiente para el surgimiento, para un hombre de clan que ha renunciado por fe, de la energía de esta manera: ‘De buena gana, aunque sólo mi piel, los tendones y los huesos permaneciesen, y la carne y la sangre en mi cuerpo se secasen, aún así no relajaría mi energía hasta tanto no alcance lo que debe ser alcanzado mediante el valiente esfuerzo, la valiente energía y la valiente ejercitación’.

“Monjes, la persona perezosa vive en la insatisfacción, manchada por los malos y perniciosos estados, y grande es su bien personal que descuida. Pero una persona energética vive feliz, recluida de los malos y perniciosos estados, y grande es su bien personal que alcanza. No es que mediante lo inferior se alcanza lo supremo, más bien, mediante lo supremo es que se alcanza lo supremo. Monjes, la vida santa es una bebida con crema; el Maestro está presente. Por eso, monjes, haced surgir en vosotros la energía para alcanzar lo que aún no ha sido logrado, lo que aún no ha sido alcanzado, para descubrir lo que aún no ha sido descubierto [de esta manera]: ‘De esta manera, este nuestro renunciamiento no será en vano, sino fructífero y fértil; cuando usamos los hábitos, la comida de las limosnas, el alojamiento y los requisitos medicinales, estos servicios que ellos nos proveen a nosotros serán fructíferos y beneficiosos para ellos’. Así, monjes, deberíais entrenaros a vosotros mismos.

“Considerad vuestro propio bien, monjes, es suficiente para esforzarse por la meta suprema diligentemente; considerar el bien de otros, monjes, es suficiente para esforzarse por la meta suprema diligentemente; considerar el bien de ambos, monjes, es suficiente para esforzarse por la meta suprema diligentemente”.