Colección de discursos agrupados temáticamente

Assutava Sutta

12.61. El no instruido

Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda Jeta del parque de Anathapindika, cerca de Savatthi. Estando allí, el Bienaventurado se dirigió a los monjes de esta manera:

“Monjes, el individuo mundano no instruido puede experimentar repugnancia hacia este cuerpo compuesto de cuatro grandes elementos; puede llegar a estar desapasionado hacia él y liberado de él. Y, ¿cuál es la razón? Porque el crecimiento y el declive pueden ser vistos en ese cuerpo compuesto de cuatro grandes elementos, se ve cómo se establece y cómo deja a estar. Por eso el individuo mundano no instruido puede experimentar repugnancia hacia este cuerpo compuesto de cuatro grandes elementos; puede llegar a estar desapasionado hacia él y liberado de él.

“Pero, monjes, en cuanto a aquello que es llamado ‘mente’, ‘mentalidad’ o ‘consciencia’, el individuo mundano no instruido es incapaz experimentar repugnancia hacia eso, no puede llegar a estar desapasionado hacia eso ni puede estar liberado de eso. Y, ¿cuál es la razón? Porque por largo tiempo, monjes, esto ha sido mantenido por él, apropiado y asido de esta manera: ‘eso es mío, eso soy yo, eso es mi ser’. Por eso el individuo mundano no instruido es incapaz experimentar repugnancia hacia eso, no puede llegar a estar desapasionado hacia eso ni puede estar liberado de eso.

“Para el individuo mundano no instruido sería mejor tomar como su yo ese cuerpo compuesto de cuatro grandes elementos que la mente. Y, ¿cuál es la razón? Porque ese cuerpo compuesto de cuatro grandes elementos se ve estar por un año, por dos años, por tres, cuatro, cinco o diez años, por veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años, por cien años o aún más. Pero aquello que es llamado ‘mente’, ‘mentalidad’ o ‘consciencia’, día y noche surge como una cosa y cesa como otra. Al igual que un mono recorre todo el bosque agarrándose de una rama, luego se va sosteniéndose en la otra para después saltar y agarrarse a la otra rama aún, de la misma manera, aquello que es llamado ‘mente’, ‘mentalidad’ o ‘consciencia’, día y noche surge como una cosa y cesa como otra.

“Por eso, monjes, el instruido noble discípulo atiende diligente y cuidadosamente el origen dependiente en sí mismo de esa manera: ‘Cuando esto existe, aquello llega a ser; con el surgimiento de esto, surge aquello. Cuando esto no existe, aquello no llega a ser; con el cese de esto, cesa aquello.’

“Con ignorancia como condición, las formaciones mentales [llegan a ser]. Con las formaciones mentales como condición, la consciencia. Con la consciencia como condición, el nombre-y-forma. Con el nombre-y-forma como condición, la séxtuple base de los sentidos. Con la séxtuple base de los sentidos como condición, el contacto. Con el contacto como condición, la sensación. Con la sensación como condición, la avidez. Con la avidez como condición, el apego. Con el apego como condición, la existencia. Con la existencia como condición, el nacimiento. Con el nacimiento como condición, la vejez-y-muerte, el dolor, el lamento, la pena, la angustia y la desesperanza. Tal es el origen de todo este montón de la insatisfacción. Esto se llama, monjes, el origen dependiente.

“Pero, con la total desaparición y el cese de la ignorancia, llega el cese de las formaciones mentales. Con el cese de las formaciones mentales, llega el cese de la consciencia. Con el cese de la consciencia, llega el cese del nombre-y-forma. Con el cese del nombre-y-forma, llega el cese de la séxtuple base de los sentidos. Con el cese de la séxtuple base de los sentidos, llega el cese del contacto. Con el cese del contacto, llega el cese de la sensación. Con el cese de la sensación, llega el cese de la avidez. Con el cese de la avidez, llega el cese del apego. Con cese del apego, llega el cese de la existencia. Con el cese de la existencia, llega el cese del nacimiento. Con el cese del nacimiento, también cesa la vejez-y-muerte, el dolor, el lamento, la pena, la angustia y la desesperanza. Tal es el cese de todo este montón de insatisfacción.”

“Viendo esto, monjes, el instruido noble discípulo experimenta repugnancia hacia la forma, repugnancia hacia la sensación, repugnancia hacia la percepción, repugnancia hacia las formaciones mentales y repugnancia hacia la consciencia. Experimentando la repugnancia, llega a ser desapasionado. Mediante el desapasionamiento [su mente] queda liberada. Cuando está liberada le llega el siguiente conocimiento: ‘esta es la libertad’. Y él comprende eso: ‘destruido está el nacimiento, la vida santa ha sido vivida, lo que estaba por hacer, se ha realizado y he aquí no hay más futuros estados de existencia’”.