Colección de discursos agrupados temáticamente

Tanakattha Sutta

15.1. Hierba y madera

Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda de Jeta, en el parque de Anathapandika, cerca de Savatthi. Estando allí, el Bienaventurado se dirigió a los monjes: “Monjes”. “Sí, Venerable Señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Monjes, este samsara es sin un comienzo discernible. El primer momento de esa itinerancia y deambulación de los seres, entorpecidos por la ignorancia y encadenados por la codicia, no se discierne. Imaginad, monjes, a un hombre que haya cortado toda la hierba, palos, ramas y follaje que hay en este Jambudipa y lo recogió todo en una sola pila. Y que, habiendo hecho eso, ese hombre colocase todo hacia abajo, y dijese [a cada uno]: ‘Esta es mi madre, estas es la madre de mi madre’. La secuencia de las madres y abuelas no tendría fin, antes bien se usaría y se acabaría toda la hierba, los palos, las ramas y el follaje de este Jambudipa. Y, ¿por qué así? Porque, monjes, este samsara es sin un comienzo discernible. El primer momento de esa itinerancia y deambulación de los seres, entorpecidos por la ignorancia y encadenados por la codicia, no se discierne. Por tan largo tiempo, monjes, habéis experimentado la insatisfacción, angustia y desesperanza, y os habéis hinchado en los cementerios. Es suficiente con sentir repugnancia hacia todas las formaciones, suficiente con llegar a ser desapasionados hacia ellos, suficiente para liberaros de ellos”.