Colección de discursos agrupados temáticamente

Acirapakkanta Sutta

17.35. Discurso no mucho después de que se haya marchado

En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en Rajagaha, en la montaña Pico de Buitre, donde acuden las ardillas en busca de comida, no mucho después de que Devadatta se hubo marchado. Estando ahí, en referencia a Devadatta, el Bienaventurado se dirigió a los monjes con estas palabras:

“Monjes, la ganancia, la honra y la alabanza de Devadatta llegaron a ser para él su propia ruina y destrucción. Al igual que un árbol de plátano, bambú o caña, produce el fruto para su propia ruina y destrucción, así también, la ganancia, la honra y la alabanza de Devadatta llegaron a ser para él su propia ruina y destrucción. Al igual que una mula llega a estar preñada para su propia ruina y destrucción, así también, la ganancia, la honra y la alabanza de Devadatta llegaron a ser para él su propia ruina y destrucción. Así de espantosas son, monjes, la ganancia, la honra y la alabanza, así de amargas, viles y obstructoras del logro de la insuperable liberación de la esclavitud. Por eso monjes, deberíais entrenaros de esta manera: vamos a abandonar las ganancias, las honras y las alabanzas que han surgido y no vamos a permitir que las ganancias, las honras y las alabanzas persistan obsesionando nuestras mentes. Así deberíais entrenaros a vosotros mismos”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y, habiendo dicho esto, el Bienhechor, el Maestro, agregó esto:

Del plátano, el bambú o la caña,
Como el embrión destruye a la mula,
Así también lo hacen las honras, que destruyen al desvergonzado.