Colección de discursos agrupados temáticamente

Devadaha Sutta

22.2. Discurso en Devadaha

Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando entre los sakyas donde había una de sus ciudades de nombre Devadaha. Entonces un grupo de monjes que iba con destino al oeste se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo:

“Venerable señor, nosotros deseamos dirigirnos hacia las provincias del occidente con el fin de fijar nuestras residencia allí.”

“¿Habéis tomado licencia de Sariputta, monjes?”

“No, venerable señor”.

“Entonces, tomad licencia de Sariputta, monjes. Sariputta es sabio, es uno que ayuda a sus hermanos en la vida santa”.

“Sí, venerable señor”, respondieron aquellos monjes. En esa ocasión el Venerable Sariputta estaba sentado no muy lejos de donde estaba el Bienaventurado en el matorral de casias. Entonces, aquellos monjes, habiéndose deleitado y regocijado en las palabras del Bienaventurado, se levantaron de sus asientos y le rindieron homenaje. Acto seguido, cuidando que el Bienaventurado quedase siempre a su lado derecho, se acercaron al Venerable Sariputta e intercambiaron con él cordiales saludos. Cuando esas amables y corteses palabras de bienvenida habían concluido, se sentaron a un lado y le dijeron:

“Amigo Sariputta, nosotros deseamos dirigirnos hacia las provincias del occidente con el fin de fijar nuestras residencia allí. Ya hemos tomado licencia del Maestro”.

“Amigos, he aquí que existen sabios guerreros, sabios brahmanes, sabios hombres hogareños y sabios ascetas que preguntan al monje cuando éste va a las tierras extranjeras –que las personas sabias, amigos, son curiosas: ‘¿qué es lo que dice tu maestro? ¿qué es lo que tu maestro enseña?’ Espero que los venerables señores hayan aprendido bien la enseñanza, la hayan comprendido bien, se ocuparon de ella bien, reflexionaron sobre ella bien y la penetraron con sabiduría de manera tal que sus respuestas sean de acuerdo a lo que ha sido dicho por el Bienaventurado y no lo malinterpreten con algo contrario a los hechos; que los venerables señores puedan explicarlo de acuerdo al Dhamma y que no haya aserción alguna que pueda dar lugar a críticas razonables como consecuencia de ella.”

“Venimos de lejos, amigo, para aprender las palabras del Venerable Sariputta. Sería bueno que el Venerable Sariputta nos aclarara el significado de sus palabras”.

“Entonces escuchad y prestad atención, amigos, que voy a hablar”.

“Sí, amigo”, respondieron aquellos monjes y el Venerable Sariputta dijo eso:

“Amigos, he aquí que existen sabios guerreros, sabios brahmanes, sabios hombres hogareños y sabios ascetas que preguntan al monje cuando éste va a las tierras extranjeras –que las personas sabias, amigos, son curiosas: ‘¿qué es lo que dice tu maestro? ¿qué es lo que tu maestro enseña?’ Siendo preguntados de esa manera, amigos, debieseis responder así: ‘nuestro maestro, amigos, enseña la remoción del deseo y de la codicia.”

“Cuando vosotros hayáis respondido así, amigos, he aquí que existen sabios guerreros… sabios ascetas que preguntan luego al monje cuando éste va a las tierras extranjeras –que las personas sabias, amigos, son curiosas: ‘¿en consideración a qué cosa vuestro maestro enseña la remoción del desea y de la codicia?’ Siendo preguntados de esa manera, amigos, debieseis responder así: ‘nuestro maestro, amigos, enseña la remoción del deseo y de la codicia para la sensación… la percepción… las formaciones mentales… la conciencia.

“Cuando vosotros hayáis respondido así, amigos, he aquí que existen sabios guerreros… sabios ascetas que preguntan luego al monje cuando éste va a las tierras extranjeras –que las personas sabias, amigos, son curiosas: ‘habiendo visto el peligro ¿de qué cosa, vuestro maestro enseña la remoción del desea y de la codicia por la sensación… la percepción… las formaciones mentales… la conciencia?’ Siendo preguntados de esa manera, amigos, debieseis responder así: ‘nuestro maestro, amigos, si uno no evita la codicia, el deseo, la afección, la sed, la pasión y la avidez en relación a la forma, entonces con el cambio y la alteración de la forma surge en uno el dolor, el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza. Habiendo visto este peligro, nuestro maestro enseña la remoción del deseo y de la codicia por la forma, la remoción del deseo y de la codicia por la sensación, la remoción del deseo y de la codicia por la percepción, la remoción del deseo y de la codicia por las formaciones mentales y la remoción del deseo y de la codicia por la conciencia.

“Cuando vosotros hayáis respondido así, amigos, he aquí que existen sabios guerreros… sabios ascetas que preguntan luego al monje cuando éste va a las tierras extranjeras –que las personas sabias, amigos, son curiosas: ‘habiendo visto el beneficio ¿de qué cosa, vuestro maestro enseña la remoción del desea y de la codicia por la sensación… la percepción… las formaciones mentales… la conciencia?’ Siendo preguntados de esa manera, amigos, debieseis responder así: ‘nuestro maestro, amigos, si uno evita la codicia, el deseo, la afección, la sed, la pasión y la avidez en relación a la forma, entonces con el cambio y la alteración de la forma no surge en uno el dolor, el lamento, la pena, el displacer ni la desesperanza. Habiendo visto este beneficio, nuestro maestro enseña la remoción del deseo y de la codicia por la forma, la remoción del deseo y de la codicia por la sensación, la remoción del deseo y de la codicia por la percepción, la remoción del deseo y de la codicia por las formaciones mentales y la remoción del deseo y de la codicia por la conciencia.

“Amigos, si alguien que viviese en medio de los perniciosos estados mentales, pudiese vivir feliz aquí y ahora, sin el fastidio, la desesperanza y la fiebre, y si al quebrantarse ese cuerpo después de la muerte pudiese esperar un buen destino, entonces el Bienaventurado no alabaría el abandono de los perniciosos estados mentales. Sin embargo, amigos, siendo que alguien que vive en medio de los perniciosos estados mentales, vive en la insatisfacción aquí y ahora, con el fastidio, la desesperanza y la fiebre, y al quebrantarse ese cuerpo después de la muerte puede esperar un mal destino, entonces el Bienaventurado alaba el abandono de los perniciosos estados mentales.

“Amigos, si alguien que viviese en medio de los beneficiosos estados mentales, pudiese vivir en la insatisfacción aquí y ahora, con el fastidio, la desesperanza y la fiebre, y si al quebrantarse ese cuerpo después de la muerte pudiese esperar un mal destino, entonces el Bienaventurado no alabaría la adquisición de los beneficiosos estados mentales. Sin embargo, amigos, siendo que alguien que vive en medio de los beneficiosos estados mentales, vive feliz aquí y ahora, sin el fastidio, la desesperanza y la fiebre, y al quebrantarse ese cuerpo después de la muerte puede esperar un buen destino, entonces el Bienaventurado alaba la adquisición de los beneficiosos estados mentales.”

Esto es lo que dijo el Venerable Sariputta y aquellos monjes fueron satisfechos y se deleitaron en las palabras del Bienaventurado.