Colección de discursos agrupados temáticamente

Annatarabhikkhu Sutta

22.35. Discurso con cierto monje

En Savatthi. En esa ocasión un cierto monje se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Venerable señor, sería bueno que el Bienaventurado me enseñara el Dhamma en resumen para que, de esta manera, habiendo escuchado el Dhamma del Bienaventurado, viva en soledad, recluido, diligente, ardiente y resuelto”.

“Monje, si uno tiene las tendencias subyacentes hacia algo, entonces uno es considerado en términos de eso. Si uno no tiene las tendencias subyacentes hacia algo, entonces uno no es considerado en términos de eso.”

“¡Comprendido, Bienaventurado! ¡Comprendido, oh Sublime!”

“¿De qué manera, monje, has comprendido en detalle esta sentencia pronunciada por mí en resumen?”

“Venerable señor, si uno tiene las tendencias subyacentes hacia la forma, entonces uno es considerado en términos de eso. Si uno tiene las tendencias subyacentes hacia la sensación… hacia la percepción… hacia las formaciones mentales… hacia la conciencia, entonces uno es considerado en términos de eso.

“Si uno, venerable señor, no tiene las tendencias subyacentes hacia la forma, entonces uno no es considerado en términos de eso. Si uno no tiene las tendencias subyacentes hacia la sensación… hacia la percepción… hacia las formaciones mentales… hacia la conciencia, entonces uno no es considerado en términos de eso.

“Es de esa manera, venerable señor, que he comprendido en detalle esta sentencia pronunciada por el Bienaventurado en resumen.”

“¡Bien, muy bien, monje! Es buena la manera, en la que habías comprendido en detalle esta sentencia pronunciada por mí en resumen. Monje, si uno tiene las tendencias subyacentes hacia la forma… [el Buda repite la respuesta del monje]…entonces uno no es considerado en términos de eso. De esta manera hay que comprender en detalle esta sentencia pronunciada por mí en resumen.”

Entonces, aquel monje, habiéndose deleitado y regocijado en las palabras del Bienaventurado, se levantó de su asiento, rindió homenaje al Bienaventurado y se retiró de allí, cuidando que el Bienaventurado quedara siempre a su mano derecha.

Después de eso, viviendo en soledad, recluido, diligente, ardiente y resuelto, aquel monje, habiendo realizado por sí mismo con el conocimiento directo, aquí y ahora, entró y permaneció en aquella insuperable meta de la vida santa, por la cual el hombre del clan correctamente abandona la vida hogareña para vivir el estilo de vida sin hogar. Y él conoció directamente esto: “destruido está el nacimiento, la vida santa ha sido vivida, lo que tenía que hacerse, se había realizado, y he aquí no hay más futuros estados de existencia”. Y aquel monje llegó a ser uno de los arahants.