Colección de discursos agrupados temáticamente

Anicca Sutta

22.66. La transitoriedad

En Savatthi. Entonces, cierto monje se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo:

“Venerable Señor, sería bueno que el Bienaventurado me enseñara el Dhamma en resumen de manera tal que, habiendo escuchado el Dhamma del Bienaventurado, viva en soledad, recluido, diligente, ardiente y resuelto”.

“Monje, deberás abandonar el deseo por todo lo que es transitorio”.

“¡Comprendido, Bienaventurado! ¡Comprendido, oh Sublime!”.

“¿De qué manera, monje, comprendiste en detalle el significado de lo que dije en resumen?”.

“La forma, Venerable Señor, es transitoria; debería abandonar el deseo por ella. La sensación es transitoria; debería abandonar el deseo por ella. La percepción es transitoria; debería abandonar el deseo por ella. Las formaciones mentales con transitorias; debería abandonar el deseo por ellas. La conciencia es transitoria; debería abandonar el deseo por ella.

“De esta manera, Venerable Señor, he comprendido en detalle el significado de lo que el Bienaventurado dijo en resumen”.

“¡Bien, muy bien monje! Has comprendido bien en detalle el significado de lo que ha sido dicho en resumen. La forma es transitoria, monje, deberías abandonar el deseo por ella… [el Buda repite las mismas palabras del monje]… La conciencia es transitoria, deberías abandonar el deseo por ella. Es de esta manera, monje, que debe ser comprendido en detalle el significado de lo que ha sido dicho en resumen”.

Entonces, aquel monje, habiéndose regocijado y deleitado en las palabras del Bienaventurado se levantó de su asiento y, al rendirle homenaje, se retiró de allí, cuidando que el Bienaventurado siempre quedase a su mano derecha.

Más adelante, viviendo en soledad, recluido, diligente, ardiente y resuelto aquel monje, al descubrirlo por sí mismo con el conocimiento directo aquí y ahora, entró y permaneció en aquella insuperable meta de la vida santa, por la cual el miembro de clan con justa razón abandona la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar. Y él conoció directamente esto: “El nacimiento está destruido, la vida santa ha sido vivida, lo que había que hacer se ha realizado y, he aquí, no hay más futuros estados de existencia”.

Y aquel monje llegó a ser uno de los arahants.