Colección de discursos agrupados temáticamente

Avassutapariyaya Sutta

35.243. Exposición de lo contaminado

{243} En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando entre los sakyanos, en el Parque Nogrodha cerca de Kapilavatthu. Entonces, se ha construido una nueva sala de consejo para los sakyanos de Kapilavatthu que aún no ha sido habitada por asceta, brahmán ni, en general, por ser humano alguno. Por eso los sakyanos de Kapilavatthu se acercaron el Bienaventurado, le rindieron homenaje, se sentaron a un lado y le dijeron:

“Venerable señor, se ha construido una nueva sala de consejo para los sakyanos de Kapilavatthu que aún no ha sido habitada por asceta, brahmán ni, en general, por ser humano alguno. Venerable señor, que el Bienaventurado sea el primero en usarla. Después de que el Bienaventurado la haya usado primero, entonces los sakyanos de Kapilavatthu la van a usar después. Aquello les conducirá al bienestar y felicidad por largo tiempo.”

Y el Bienaventurado consintió en silencio. Cuando los sakyanos entendieron que el Bienaventurado haya consentido, se levantaron de sus asientos y, después de haber rendido homenaje al Bienaventurado, se retiraron de ahí, cuidando que el Bienaventurado siempre quedara a su mano derecha, y se fueron a la nueva sala del consejo. Acto seguido, la cubrieron totalmente con mantas, prepararon los asientos, pusieron afuera un gran jarro de agua y encendieron una lámpara de aceite. Entonces, se acercaron al Bienaventurado y lo informaron de todo lo que hicieron, agregando: “Que el Bienaventurado disponga de acuerdo a su conveniencia”.

Entonces, el Bienaventurado se vistió, tomó su cuenco y el hábito, y se fue a la nueva sala de consejo. Después de haberse lavado los pies, entró en la sala y se sentó contra el pilar central, mirando hacia el este. Y los monjes también, después de haberse lavado los pies, entraron en la sala y se sentaron contra la pared occidental, mirando hacia el este, con el Bienaventurado enfrente de ellos. Y finalmente los sakyanos de Kapilavatthu también, después de haberse lavado los pies, entraron en la sala y se sentaron contra la pared oriental, mirando hacia el oeste, con el Bienaventurado enfrente de ellos.

Entonces, el Bienaventurado instruyó, exhortó, inspiró y regocijó a los sakyanos con la plática del Dhamma la gran parte de la noche, después de lo cual, se despidió de ellos, diciendo: “la noche ha pasado, Gotamas. Podéis iros de acuerdo a vuestra conveniencia”.

“Sí, venerable señor”, respondieron y se levantaron de sus asientos y, después de haber rendido homenaje al Bienaventurado, se retiraron de ahí, cuidando que el Bienaventurado siempre quedara a su mano derecha. No mucho después de que los sakyanos de Kapilavatthu se hayan retirado, el Bienaventurado se dirigió al Venerable Mahamoggallana con estas palabras: “el Sangha de los monjes está libre de la pereza y la apatía, Moggallana. Ofrece una plática del Dhamma a los monjes. Mi espalda está dolorida así que iré a estirarla.”

“Sí, venerable señor”, respondió el Venerable Mahamoggallana.

Entonces, el Bienaventurado preparó su manta exterior plegada en cuatro, y se recostó en su costado derecho en la posición de león, con uno de los pies apoyado en el otro, con atención consciente y clara comprensión, después de haber notado en su mente la idea de levantarse. Mientras tanto, el Venerable Mahamoggallana se dirigió a los monjes, diciendo: “Amigos, monjes”.

“Amigo”, respondieron los monjes y el Venerable Mahamoggallana continuó:

“Voy a enseñaros, monjes, una exposición sobre lo contaminado y lo no-contaminado. Escuchad y prestad atención que voy a hablar”.—"Sí, amigo”, respondieron los monjes y el Venerable Mahamoggallana continuó:

“Y, ¿cómo, amigos, uno es contaminado? He aquí, amigos, habiendo visto la forma con el ojo, el monje está decidido por la forma placentera y repelido por la forma desagradable. Él mora sin establecer la atención consciente del cuerpo, con una mente limitada, y no comprende cómo realmente es la liberación de la mente, la liberación a través de la sabiduría, donde los malos e insalubres estados cesan por completo. Habiendo escuchado el sonido con el oído… Habiendo olfateado el olor con la nariz… Habiendo degustado el sabor con la lengua… Habiendo sentido una sensación táctil con el cuerpo… Habiendo conocido un fenómeno con la mente, el monje está decidido por fenómeno placentero y repelido por el fenómeno desagradable. Él mora sin establecer la atención consciente del cuerpo, con una mente limitada, y no comprende cómo realmente es la liberación de la mente, la liberación a través de la sabiduría, donde los malos e insalubres estados cesan por completo.

“Éste, amigos, es llamado el monje que es contaminado en medio de las formas cognoscibles por el ojo, contaminado en medio de los sonidos cognoscibles por el oído, contaminado en medio de los olores cognoscibles por la nariz, contaminado en medio de los sabores cognoscibles por la lengua, contaminado en medio de los objetos táctiles cognoscibles por el cuerpo, contaminado en medio de los fenómenos cognoscibles por la mente. Y cuando el monje mora de esta manera, si el Mara se le acerca a través del ojo, el Mara tiene el acceso a él y el Mara se apodera de él. Si el Mara se le acerca a través del oído… a través de la nariz… a través de la lengua… a través del cuerpo… a través de la mente, el Mara tiene el acceso a él y el Mara se apodera de él.

“Imaginad, amigos, un cobertizo hecho de cañas o del pasto, seco, desecado, en su primer estado. Si un hombre se le acercase del este con una antorcha de pasto ardiente, o si se acercase del oeste, del norte o del ser, de arriba o de abajo; si se le acercase de cualquier lado con una antorcha de pasto ardiente, y si el fuego llegase tener acceso a él, el fuego se apoderaría de él. De la misma manera, amigos, cuando el monje mora de esta manera, si el Mara se le acerca a través del ojo… a través de la mente, el Mara tiene el acceso a él y el Mara se apodera de él.

“Cuando el monje mora de esta manera, las formas le vencen a él y no es él quien vence a las formas. Los sonidos le vencen a él y no es él quien vence a los sonidos. Los olores le vencen a él y no es él quien vence a los olores. Los sabores le vencen a él y no es él quien vence a los sabores. Los objetos táctiles le vencen a él y no es él quien vence a los objetos táctiles. Los fenómenos le vencen a él y no es él quien vence a los fenómenos.

“Éste, amigos, es llamado el monje que es vencido por las formas, vencido por los sonidos, vencido por los olores, vencido por los sabores, vencido por los objetos táctiles y vencido por los fenómenos: uno que es vencido y no uno que vence. Los malos e insalubres estados lo han vencido, los estados que manchan, que conducen a renovadas existencias, que traen consigo aflicciones, cuyo resultado es insatisfacción, y que conducen a futuro nacimiento, vejez y muerte.

“De esta manera, amigos, uno es contaminado.

“Y, ¿cómo, amigos, uno no es contaminado? He aquí, amigos, habiendo visto la forma con el ojo, el monje no está decidido por la forma placentera ni está repelido por la forma desagradable. Él mora habiendo establecido la atención consciente del cuerpo, con una mente ilimitada, y comprende cómo realmente es la liberación de la mente, la liberación a través de la sabiduría, donde los malos e insalubres estados cesan por completo. Habiendo escuchado el sonido con el oído… Habiendo olfateado el olor con la nariz… Habiendo degustado el sabor con la lengua… Habiendo sentido una sensación táctil con el cuerpo… Habiendo conocido un fenómeno con la mente, el monje no está decidido por fenómeno placentero ni está repelido por el fenómeno desagradable. Él mora habiendo establecido la atención consciente del cuerpo, con una mente ilimitada, y comprende cómo realmente es la liberación de la mente, la liberación a través de la sabiduría, donde los malos e insalubres estados cesan por completo.

“Éste, amigos, es llamado el monje que no es contaminado en medio de las formas cognoscibles por el ojo, no contaminado en medio de los sonidos cognoscibles por el oído, no contaminado en medio de los olores cognoscibles por la nariz, no contaminado en medio de los sabores cognoscibles por la lengua, no contaminado en medio de los objetos táctiles cognoscibles por el cuerpo, no contaminado en medio de los fenómenos cognoscibles por la mente. Y cuando el monje mora de esta manera, si el Mara se le acerca a través del ojo, el Mara no tiene el acceso a él y el Mara no se apodera de él. Si el Mara se le acerca a través del oído… a través de la nariz… a través de la lengua… a través del cuerpo… a través de la mente, el Mara no tiene el acceso a él y el Mara no se apodera de él.

“Imaginad, amigos, una casa puntiaguda o una sala, cubierta densamente de barro y recientemente enyesada. Si un hombre se le acercase del este con una antorcha de pasto ardiente, o si se acercase del oeste, del norte o del ser, de arriba o de abajo; si se le acercase de cualquier lado con una antorcha de pasto ardiente, el fuego no llegaría tener acceso a ella, el fuego no se apoderaría de ella. De la misma manera, amigos, cuando el monje mora de esta manera, si el Mara se le acerca a través del ojo… a través de la mente, el Mara no tiene el acceso a él y el Mara no se apodera de él.

“Cuando el monje mora de esta manera, él es quien vence a las formas y no son las formas las que le vencen a él. Él es quien vence a los sonidos y no son los sonidos los que le vencen a él. Él es quien vence a los olores y no son los olores los que le vencen a él. Él es quien vence a los sabores y no son los sabores los que le vencen a él. Él es quien vence a los objetos táctiles y no son los objetos táctiles los que le vencen a él. Él es quien vence a los fenómenos y no son los fenómenos los que le vencen a él. Éste, amigos, es llamado el monje que vence las formas, vence los sonidos, vence los olores, vence los sabores, vence los objetos táctiles y vence los fenómenos: uno que vence y no uno que es vencido. Él ha vencido los malos e insalubres estados que manchan, que conducen a renovadas existencias, que traen consigo aflicciones, cuyo resultado es insatisfacción, y que conducen a futuro nacimiento, vejez y muerte.

“Es de esta manera, amigos, que uno no es contaminado.”

En esto, el Bienaventurado se levantó y se dirigió al Venerable Mahamoggallana de esta manera: “¡Bien, muy bien, Moggallana! Has entregado bien a los monjes las exposición de lo contaminado y lo no-contaminado.”

Esto es lo que el Venerable Mahamoggallana dijo y el Maestro lo aprobó. Elevados, aquellos monjes se deleitaron en las palabras del Venerable Mahamoggallana.