Colección de discursos agrupados temáticamente

Sakalika Sutta

4.13. Astilla

Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en el parque de los venados en Maddakucchi, cerca de Rajagaha. En esta ocasión el Bienaventurado cortó su pie con una astilla de piedra. Y un severo dolor asaltó al Bienaventurado—sensaciones corporales que eran dolorosas, trasiegas, agudas, penetrantes, desgarradoras y desagradables—. Pero el Bienaventurado se sobrepuso a ellas atentamente consciente y con clara compresión, sin llegar a angustiarse. Acto seguido, el Bienaventurado arregló su hábito exterior en uno de sus hombros doblado en cuatro, y se recostó sobre su lado derecho en la posición del león, con una de sus piernas sobre la otra, atentamente consciente y con clara comprensión.

Entonces Mara, el Malvado, se acercó al Bienaventurado y se dirigió a él en verso:

¿Tienes suficientes metas para cumplir?
Solo en una morada recluida
¿Por qué duermes con la cara somnolienta?”.

[El Bienaventurado:]

“No me acuesto aturdido ni borracho de la poesía;
Habiendo alcanzado la meta, eliminé el dolor;
Solo en una morada recluida
Me acuesto lleno de compasión por todos los seres.

“Incluso aquellos con un dardo clavado en el pecho,
Incluso ellos aquí, afligidos, van a dormir;
¿Así que por qué no debería yo ir a dormir
Cuando mi dardo ha sido sacado?

“No me acuesto despierto en el temor,
No tengo miedo de dormir.
Los días y las noches no me afligen,
Miro a mí mismo y no declino en el mundo.
Por eso puedo dormir en paz,
Lleno de compasión por todos los seres”.

Entonces Mara, el Malvado, descubriendo: “El Bienaventurado me reconoció, el Afortunado sabe que soy yo”, triste y decepcionado desapareció de allí.