Colección de discursos agrupados temáticamente

Samiddhi Sutta

4.22. Samiddhi

En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando entre los sakyans en Savatthi. Mientras tanto, el Venerable Samiddhi estaba morando no muy lejos del Bienaventurado—diligente, ardiente y resuelto—. Entonces, mientras que el Venerable Samiddhi estaba solo en la reclusión, una reflexión surgió en su mente de esta manera: “Realmente es una ganancia para mí, esto es bien ganado por mí, que mi Maestro es el Arahant, el Perfectamente Iluminado. Realmente es una ganancia para mí, esto es bien ganado por mí, que yo he renunciado en este bien expuesto Dhamma-y-Disciplina. Realmente es una ganancia para mí, esto es bien ganado por mí, que mis compañeros en la vida santa son virtuosos, de buen carácter”.

Entonces, Mara, el Malvado, habiendo conocido con su propia mente la reflexión en la mente del Venerable Samiddhi, se acercó a él y, no muy lejos de él hizo un fuerte ruido, espantoso y terrorífico, como si se abriera la tierra.

Entonces el Venerable Samiddhi se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le reportó lo sucedido. [El Bienaventurado dijo:] “Aquello no era una apertura de la tierra, Samiddhi. Aquel fue Mara, el Malvado, que vino con el fin de confundirte. Regresa, Samiddhi, y sigue morando diligente, ardiente y resuelto”.

“Sí, Venerable Señor”, respondió el Venerable Samiddhi. Acto seguido se levantó de su asiento, rindió homenaje al Bienaventurado y, cuidando de tenerle siempre a su lado derecho, partió de allí.

Y por segunda vez, mientras que el Venerable Samiddhi estaba solo en la reclusión, una reflexión surgió en su mente… Y por segunda vez, Mara, el Malvado… hizo un fuerte ruido espantoso y terrorífico, como si se abriera la tierra.

Pero entonces el Venerable Samiddhi, habiendo entendido: “Este es Mara, el Malvado”, se dirigió a él en verso:

Del hogar a la vida sin hogar.
Mi atención consciente y sabiduría están maduras,
Y mi mente bien concentrada.
Puedes evocar cualquier forma que quieras,
Pero nunca me harás temblar”.

Entonces Mara, el Malvado, descubriendo: “El monje Samiddhi me reconoció”, triste y decepcionado desapareció de allí.