Exclamaciones

3.3. Discurso con Yasoja

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Savatthi, en el Bosque del Príncipe Jeta, en el parque de Anathapindika. En aquella ocasión unos quinientos bhikkhus con Yasoja a la cabeza llegaron a Savatthi para ver al bhagavant. Y aquellos bhikkhus que habían ido a visitar al bhagavant, mientras intercambiaban saludos con los bhikkhus del lugar, preparaban sus lechos y sus asientos y ponían en orden sus mantos y escudillas, hacían mucho ruido, mucha bulla.

Y el bhagavant le preguntó al venerable Ananda: «Ananda, ¿quiénes son aquellos que hacen tanto ruido, tanta bulla? Parecen pescadores matando pescado».

«Señor, son quinientos bhikkhus con Yasoja a la cabeza que han llegado a Savatthi para ver al bhagavant. Y estos bhikkhus que han venido a visitar al bhagavant, mientras intercambian saludos con los bhikkhus del lugar, preparan sus lechos y sus asientos y ponen en orden sus mantos y escudillas, hacen mucho ruido, mucha bulla».

«Entonces, Ânanda, llama a esos bhikkhus en mi nombre diciéndoles: 'oh venerables, el maestro os llama'».

Y diciendo: «Sí, señor», el venerable Ananda, obedeciendo al bhagavant, se acercó a donde se encontraban aquellos bhikkhus y, habiéndoseles acercado, les dijo: «Oh venerables, el maestro os llama». Y diciendo: «Está bien, amigo», aquellos bhikkhus, obedeciendo al venerable Ânanda, se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, bhagavant les dijo a aquellos bhikkhus que se encontraban sentados a un lado: se sentaron a un lado.

«¿Por qué vosotros, oh bhikkhus, estáis haciendo tanto ruido, tanta bulla? Parecéis pescadores matando pescados». Al decir esto el bhagavant, el venerable Yasoja le contestó: «Señor, estos quinientos bhikkhus han llegado a Savatthi para ver al bhagavant. Y estos bhikkhus que han venido a visitar al bhagavant, mientras intercambian saludos con los bhikkhus del lugar, preparan sus lechos y sus asientos y ponen en orden sus mantos y escudillas, hacen mucho ruido, mucha bulla».

«Idos, oh bhikkhus, os despido; no permanezcáis cerca de mí».

Diciendo: «Está bien, señor», aquellos bhikkhus, obedeciendo al bhagavant, levantándose de sus asientos, saludando al bhagavant, haciendo el padakkhina , recogiendo sus lechos y sus asientos, tomando sus mantos y escudillas, se dirigieron en busca de limosna a donde habitaban los Vajji. Y después de pedir limosna entre los Vajji, se dirigieron al río Vaggumuda, y una vez llegados ahí, habiendo construido chozas en su orilla, se dispusieron a pasar la estación de las lluvias.

Y el venerable Yasoja, al iniciarse la estación de las lluvias, llamó a los bhikkhus y les dijo: «Amigos, el bhagavant nos ha despedido deseando nuestro bien, buscando nuestra conveniencia, lleno de compasión, sintiendo piedad por nosotros. Pues bien, amigos, ¡vivamos de tal manera que el bhagavant esté satisfecho con nosotros!» Y diciendo: «Sí, amigo», aquellos bhikkhus asintieron a las palabras del venerable. Y todos aquellos bhikkhus viviendo solitarios, alertas y vigilantes, llenos de fervor, hicieron suyas, en aquella estación de las lluvias, las tres ciencias .

Y el bhagavant habiendo permanecido en Savatthi por el tiempo que quiso, se dirigió hacia la ciudad de Vesali en busca de limosna y, pidiendo limosna, poco a poco, llegó a Vesali. Allí, en Vesali, el bhagavant se estableció en el Gran Bosque, en el Pabellón-de-techos-inclinados.

Y el bhagavant, conociendo con su mente el ánimo de los bhikkhus que moraban en las orillas del río Vaggumuda, llamó a Ananda y le dijo: «Aquel lugar en el cual moran los bhikkhus, a orillas del río Vaggumuda, se ha hecho como presente ante mí, se ha tornado radiante; no me ha resultado desagradable pensar en ir a ese lugar. Ananda, has de enviar un mensajero a los bhikkhus que moran en las orillas del río Vaggumuda que les diga: 'Oh venerables, el maestro os llama, el maestro desea veros'».

Diciendo: «Está bien, señor», el venerable Ananda, obedeciendo al bhagavant, se acercó a donde se encontraba un bhikkhu y, habiéndosele acercado, le dijo: «Amigo, anda a donde se encuentran los bhikkhus que moran en la orilla del río Vaggumuda y, una vez que llegues donde ellos, diles de este modo: 'oh, venerables, el maestro os llama, el maestro desea veros».

Diciendo: «Está bien, amigo», aquel bhikkhu, obedeciendo al venerable Ananda, con la misma rapidez con que un hombre fuerte extendería el brazo que tiene encogido o encogería el brazo que tiene extendido, desapareció del Pabellón-de-techos-inclinados, en el Gran Bosque, y apareció en la orilla del río Vaggumuda, delante de aquellos bhikkhus. Y aquel bhikkhu les dijo a los bhikkhus que moraban en la orilla del río Vaggumuda: «Oh venerables, el maestro os llama; el maestro desea veros».

Diciendo: «Está bien, amigo», aquellos bhikkhus, obedeciendo al bhikkhu, recogieron sus lechos y sus asientos y tomando sus mantos y escudillas, con la misma rapidez con que un hombre fuerte extendería el brazo que tiene encogido o encogería el brazo que tiene extendido, desaparecieron de la orilla del río Vaggumuda y aparecieron en el Gran Bosque, en el Pabellón-de-techos-inclinados, delante del bhagavant. Y en ese momento el bhagavant se encontraba sentado, en samadhi imperturbable. Y aquellos bhikkhus se preguntaron: ¿En qué estado se encuentra ahora el bhagavant?» y aquellos bhikkhus comprendieron que el bhagavant se encontraba en un estado imperturbable y ellos también se sentaron, en samadhi imperturbable.

Y el venerable Ananda, avanzada la noche, habiendo transcurrido la primera guardia, levantándose de su asiento, echándose el manto sobre un hombro y haciendo el añjali ante el bhagavant, y los bhikkhus que han venido a visitar al bhagavant. Que el bhagavant intercambie saludos con los bhikkhus que han venido a visitarlo». Cuando Ananda dijo esto el bhagavant permaneció en silencio. Le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha transcurrido ya la primera guardia, hace rato que están sentados los bhikkhus que han venido a visitar a bhagavant. Señor, que el bhagavant cambie saludos con los bhikkhus que han venido a visitarlo». Cuando Ananda dijo esto, el bhagavant permaneció en silencio.

Por segunda vez entonces el venerable Ananda, avanzada la noche, habiendo transcurrido la guardia media, levantándose de su asiento, echándose el manto sobre un hombro y haciendo el añjali bhagavant, le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha transcurrido ya la guardia media, hace rato que están sentados los bhikkhus que han venido a visitar al bhagavant. Que el bhagavant cambie saludos con los bhikkhus que han venido a visitarlo». Y por segunda vez el bhagavant permaneció en silencio.

Por tercera vez entonces el venerable Ananda, avanzada la noche, habiendo transcurrido la última guardia, surgida ya la aurora, cuando la noche presenta su rostro agradable, levantándose de su asiento, echándose el manto sobre un hombro y haciendo el añjali ante el bhagavant, le dijo: «Señor, la noche ya está avanzada, ha transcurrido ya la última guardia, la aurora ya ha surgido y la noche presenta su rostro agradable; hace rato que están sentados los bhikkhus que han venido a visitar al bhagavant. Que el bhagavant cambie saludos con los bhikkhus que han venido a visitarlo».

Y el bhagavant, saliendo del samadhi, le dijo al venerable Ananda: «Si tú supieras, oh Ânanda, tú no dirías tal cosa. Yo, Ananda, y estos quinientos bhikkhus, estamos todos sentados, en samadhi imperturbable».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udana :

Aquel que ha vencido la espina del deseo,
la propensión a ofender, a matar o a subyugar,
aquel bhikkhu,
como un monte firmemente establecido e imperturbable,
no se conmueve ni en la felicidad ni en la desgracia.