Exclamaciones

3.8. Discurso con alguien que va en busca de limosnas

El monje debe ir en busca de limosnas por razones correctas.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Savatthi, en el Bosque del Príncipe Jeta, en el Parque de Anathapindika. En aquella ocasión surgió esta conversación casual entre los numerosos bhikkhus que habían regresado por la tarde de la recolección de limosnas y que se encontraban sentados y reunidos en el Pabellón de Rosas Mosquetas.

«Amigo, un bhikkhu mendicante, que va en busca de limosna, tiene de vez en cuando la ocasión de ver con sus ojos formas agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oír con sus oídos sonidos agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oler con su nariz olores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de gustar con su lengua sabores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de sentir con su cuerpo sensaciones agradables. Amigo, un bhikkhu mendicante va en busca de limosna y es honrado, respetado, reverenciado, venerado, estimado. Vamos, pues, amigo, hagámonos también nosotros mendicantes. Nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de ver con nuestros ojos formas agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de oír con nuestros oídos sonidos agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de oler con nuestra nariz olores agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de gustar con nuestra lengua sabores agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de sentir con nuestro cuerpo sensaciones agradables. Nosotros también iremos en busca de limosna y seremos honrados, respetados, reverenciados, venerados, estimados». Y esta conversación casual de aquellos bhikkhus quedó inconclusa.

Y el bhagavant, saliendo de su retiro por la tarde, se acercó al Pabellón de Rosas Mosquetas y, habiéndose acercado, se sentó en el asiento preparado para él. Y una vez sentado, el bhagavant les dijo a los bhikkhus: «¿Qué estáis conversando ahora, oh bhikkhus, sentados y reunidos aquí? ¿Y cual es la conversación casual que habéis dejado inconclusa?»

«Señor, después que retornamos por la tarde de la recolección de limosnas y mientras nos encontrábamos sentados y reunidos aquí, en el Pabellón de Rosas Mosquetas, surgió entre nosotros esta conversación casual:

'Amigo, un bhikkhu mendicante, que va en busca de limosna, tiene de vez en cuando la ocasión de ver con sus ojos formas agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oír con sus oídos sonidos agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de oler con su nariz olores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de gustar con su lengua sabores agradables; tiene de vez en cuando la ocasión de. sentir con su cuerpo sensaciones agradables. Amigo, un bhikkhu mendicante va en busca de limosna y es honrado, respetado, reverenciado, venerado, estimado. Vamos, pues, amigo, hagámonos también nosotros mendicantes. Nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de ver con nuestros ojos formas agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de oír con nuestros oídos sonidos agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de oler con nuestra nariz olores agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de gustar con nuestra lengua sabores agradables; nosotros también tendremos de vez en cuando la ocasión de sentir con nuestro cuerpo sensaciones agradables. Nosotros también iremos en busca de limosna y seremos honrados, respetados, reverenciados, venerados, estimados'. Y esta era nuestra conversación casual, que estaba aún inconclusa cuando el bhagavant llegó».

«Oh bhikkhus, no es conveniente para vosotros, hijos de familia, que impulsados por la fe habéis salido de vuestras casas para llevar una vida errante, que sostengáis semejante tipo de conversaciones. Oh bhikkhus, cuando estéis reunidos, dos cosas os toca: o bien conversar sobre la doctrina o bien el noble silencio».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udana

Los dioses envidian al bhikkhu
que vive sólo de limosna,
que se sostiene a si mismo,
que no alimenta a otros,
si no siente apego por la alabanza y la fama.