Exclamaciones

4.4. Discurso con el demonio maligno

Un malhumorado yakkha pretende golpear al Venerable Sariputta en la cabeza y paga el precio de su insensatez.

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Rajagaha, en el Bosque de Bambús, en el Lugar-en-que-se-daba-comida-a-las-ardillas. En aquella ocasión el venerable Sariputta y el venerable Mahamoggallana se encontraban en la Gruta de las Palomas. Y el venerable Sariputta estaba sentado al aire libre en una noche de luna, con sus cabellos recién cortados, habiendo entrado en samadhi.

En aquella ocasión dos yakshas amigos iban de la Región Norte a la Región Sur por una diligencia que tenían que hacer. Y aquellos yakshas vieron al venerable Sariputta sentado al aire libre en una noche de luna, con sus cabellos recién cortados y, habiéndolo visto, uno de los yakshas le dijo al otro:

«Amigo, se me ocurre darle un golpe en la cabeza a este samán». Cuando aquel yaksha dijo esto, el otro le contestó: «Detente amigo, no te metas con este samán. Es un samán eminente, de gran poder, de gran autoridad».

Por segunda vez entonces el mismo yaksha le dijo al otro:

“Amigo, se me ocurre darle un golpe en la cabeza a este samán”. Por segunda vez el otro yaksha le contestó: «Detente amigo, no te metas con este samán. Es un samán eminente, de gran poder, de gran autoridad». Por tercera vez el mismo yaksha le dijo al otro: «Amigo, se me ocurre darle un golpe en la cabeza a este samán». Por tercera vez el otro yaksha le contestó: «Detente amigo, no te metas con este samán. Es un samán eminente, de gran poder, de gran autoridad».

Y aquel yaksha, sin hacerle caso al otro yaksha, le dio un golpe en la cabeza al venerable Anciano Sâriputta. Tan fuerte fue el golpe que con ese golpe habría derribado a un elefante de siete u ocho ratanas o habría quebrado un gran pico de montaña. Y aquel yaksha gritando: «Me quemo, me quemo», cayó entonces en el Gran Infierno.

Y el venerable Mahamoggallana vio con su ojo divino, puro y sobrehumano el golpe que aquel yaksha le diera al venerable Anciano Sariputta y, al verlo, se acercó a donde se encontraba el venerable Anciano Sariputta y, habiéndosele acercado, le dijo: «¿Te encuentras bien, amigo? ¿Estás bien? ¿No te sientes mal?»

«Me encuentro bien, amigo Mahamoggallana; estoy bien, amigo Mahâmoggallâna, a pesar de que tengo un ligero dolor en la cabeza».

«¡Qué maravilloso, amigo Sariputta, qué extraordinario, amigo Sariputta, lo poderoso que es el venerable Sariputta; lo grande que es su autoridad! Amigo Sariputta, un yaksha te dio un golpe en la cabeza. Tan fuerte fue el golpe que con ese golpe habría derribado un elefante de siete u ocho ratanas o habría quebrado un gran pico de montaña. Y sin embargo el venerable Sariputta me ha dicho así: 'Me encuentro bien, amigo Mahamoggallana; estoy bien, amigo Mahamoggallana, a pesar de que tengo un ligero dolor en la cabeza'».

«¡Qué maravilloso, amigo Mahamoggallana, qué extraordinario, amigo Mahamoggallana, lo poderoso que es el venerable Mahamoggallana, lo grande que es su autoridad, puesto que puede ver a un yaksha! Yo ni puedo ver a un duende de basural».

Y el bhagavant oyó con su oído divino, puro, sobrehumano aquella tal conversación de aquellos dos grandes Elefantes

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udana

¿Cómo alcanzará el sufrimiento
a aquel cuya mente, firme como una roca,
no se conmueve;
cuya mente disciplinada
no goza con las cosas que producen placer,
no se encoleriza con las cosas que producen cólera?