Exclamaciones

4.8. Discurso con Sundari

He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Sâvatthi, en el Bosque del Príncipe Jeta, en el parque de Anathapindika. En aquella ocasión el bhagavant era honrado, respetado, reverenciado, venerado, estimado y recibía como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. Y la congregación de bhikkhus era también honrada, respetada, reverenciada, venerada, estimada y recibía como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo y medicinas y variados utensilios. En cambio los mendicantes de otras sectas no eran ni honrados ni respetados ni reverenciados ni venerados ni estimados ni recibían como regalo túnicas, alimentos, lechos, asientos, medios de auxilio para el enfermo ni medicinas ni utensilios.

Y estos mendicantes de otras sectas, no pudiendo tolerar los honores recibidos por el bhagavant y por la congregación, se acercaron a donde se encontraba la mendicante Sundari (la Bella) y, habiéndosele acercado, le dijeron: «Hermana, ¿puedes tú hacer un bien a tus parientes?»

«¿Qué debo hacer, señores? ¿Qué es lo que yo no podría hacer? Incluso abandonaría la vida por el bien de mis parientes».

«Entonces, hermana, ve a menudo al Bosque del Príncipe Jeta».

Diciendo: «Así lo haré, señores», la mendicante Sundara obedeciendo a aquellos mendicantes de otras sectas, fue a menudo al Bosque del Príncipe Jeta.

Cuando aquellos mendicantes de otra secta supieron que la mendicante Sundari había sido vista por mucha gente yendo a menudo al Bosque del Príncipe Jeta, entonces, después de matarla y de arrojarla a un hueco en un foso del Bosque del Príncipe Jeta, se acercaron a donde se encontraba el rey Pasenadi de Kosala y, habiéndosele acercado, al rey Pasenadi de Kosala le dijeron: «Hace tiempo que no vemos a la mendicante Sundari».

«¿Dónde sospecháis que está?»

«En el Bosque del Príncipe Jeta, oh gran rey».

«Inspeccionad entonces el bosque del Príncipe Jeta».

Y aquellos mendicantes de otras sectas, inspeccionando el Bosque del Príncipe Jeta, la sacaron del hueco del foso en donde la habían arrojado, la colocaron en una parihuela y entraron en Savatthi; y yendo de calle en calle, de esquina en esquina, le decían a la gente:

«Ved, señores, lo que han hecho los samanes seguidores de Buda; estos samanes seguidores de Buda son desvergonzados, sin moralidad, de malos hábitos, mentirosos, de vida licenciosa. Y ellos pretenden vivir de acuerdo con la doctrina y ser gente de paz, puros, veraces, virtuosos, justos. Ellos no son samanes, ellos no son brahmanes; han dejado de ser samanes, han dejado de ser brahmanes; cómo serían samanes, cómo serían brahmanes; se terminaron estos samanes, se terminaron estos brahmanes. ¿Cómo podría un hombre, después de haber hecho con ella su deber de hombre, quitarle la vida a una mujer?»

Y entonces las gentes en Savatthi cuando veían a los bhikkhus los insultaban, los censuraban, los hostigaban, los mortificaban con palabras viles y rudas:

«Estos samanes seguidores de Buda son desvergonzados, sin moralidad, de malos hábitos, mentirosos, de vida licenciosa.

Y ellos pretenden vivir de acuerdo con la doctrina y ser gente de paz, puros, veraces, virtuosos, justos. Ellos no son samanes, ellos no son brahmanes; han dejado de ser samanes, han dejado de ser brahmanes; cómo serían samanes, cómo serían brahmanes; se terminaron estos samanes, se terminaron estos brahmanes. ¿Cómo podría un hombre, después de haber hecho con ella su deber de hombre, quitarle la vida a una mujer?»

Numerosos bhikkhus, por la mañana después de vestirse, tomando sus mantos y sus escudillas, entraron en Savatthi en busca de limosna. Habiendo recorrido Savatthi en busca de limosna, por la tarde, después que regresaron de la recolección de limosnas, se acercaron a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant, se sentaron a un lado y, sentados a un lado, aquellos bhikkhus le dijeron al bhagavant: «Señor, en Sâvatthi las gentes cuando ven a los bhikkhus los insultan, los censuran, los hostigan, los mortifican con palabras viles y rudas:

“Estos samanes seguidores de Buda son desvergonzados, sin moralidad, de malos hábitos, mentirosos, de vida licenciosa. Y ellos pretenden vivir de acuerdo con la doctrina y ser gente de paz, puros, veraces, virtuosos, justos. Ellos no son samanes, ellos no son brahmanes; han dejado de ser samanes, han dejado de ser brahmanes; cómo serían samanes, cómo serían brahmanes; se terminaron estos samanes, se terminaron estos brahmanes. ¿Cómo podría un hombre, después de haber hecho con ella su deber de hombre, quitarle la vida a una mujer?”»

«Oh bhikkhus esa calumnia no durará mucho, durará una semana; al cabo de una semana cesará. Oh bhikkhus, reprobad con estos versos a aquellas gentes que, cuando ven a los bhikkhus, los insultan, los censuran, los hostigan, los mortifican con palabras viles y rudas»:

«Aquel que dice algo que no es verdad se va al infierno,
también aquel que,
habiendo hecho algo
dice que no lo ha hecho.
Ambos, hombres de innoble conducta,
tienen el mismo destino
después de la muerte, en el otro mundo».

Y aquellos bhikkhus aprendieron aquellos versos en presencia del bhagavant. Y a aquellas gentes que, cuando veían a los bhikkhus, los insultaban, los censuraban, los hostigaban, los mortificaban con palabras viles y rudas, los bhikkhus las reprobaban con aquellos versos:

«Aquel que dice algo que no es verdad
se va al infierno,
también aquel que habiendo hecho algo
dice que no lo ha hecho.
Ambos, hombres de innoble conducta,
tienen el mismo destino
después de la muerte, en el otro mundo».

Y las gentes pensaron: «Estos samanes seguidores de Buda no son culpables; ellos no han hecho esto. Estos samanes seguidores de Buda lo afirman bajo juramento». Aquella calumnia no duró mucho tiempo, duró una semana; al cabo de una semana cesó.

Numerosos bhikkhus se acercaron entonces a donde se encontraba el bhagavant y, habiéndosele acercado, saludando al bhagavant se sentaron a un lado. Y sentados a un lado, aquellos bhikkhus le dijeron al bhagavant:

«¡Qué maravilloso, señor, qué extraordinario, señor, hasta qué punto dijo bien el bhagavant! 'Oh bhikkhus, esa calumnia no durará mucho tiempo, durará una semana; al cabo de una semana cesará'. Efectivamente, señor, esa calumnia cesó».

El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udana

Los hombres descontrolados hieren con la palabra
como con flechas se hiere al elefante en la batalla.
Al oír pronunciar palabras rudas
debe el bhikkhu tolerarlas
con mente no afectada por la ira.