Exclamaciones

7.3. Primer discurso con los apegados

Esto he escuchado. En una ocasión el Bienaventurado estaba morando cerca de Savatthi, en la arboleda Jeta del parque de Anathapindika. En esta ocasión, la mayoría de la gente de Savatthi estaba excesivamente apegada a los placeres sensuales; vivía adicta a ellos, inmersa y absorta en la sensualidad y encloquecida por ella.

Entonces, una mañana temprano, un gran grupo de monjes, habiendo vestido sus hábitos amarillos y tomando sus cuencos y los hábitos exteriores, entró a Savathi en busca de la comida de limosnas. Habiendo retornado de la ronda en busca de la comida de limosnas, después de haberse alimentado, se acercaron al Bienaventurado y, al llegar, le rindieron homenaje y se sentaron a un lado. Una vez sentados ahí, se dirigieron al Bienaventurado con estas palabras:

“Bienaventurado señor, he aquí que la mayoría de la gente de Savatthi está excesivamente apegada a los placeres sensuales; vive adicta a ellos, inmersa y absorta en la sensualidad y encloquecida por ella.”

Entonces el Bienaventurado, habiendo penetrado este tema, elevó en este momento la siguiente exclamación (Udana):

Apegados a los deseos sensuales, atados por la sensualidad,
No percibiendo las cadenas de sus faltas,
Aquellos que están atados y encadenados,
Nunca cruzarán las aguas crecidas, grandes y extensas.